“¿A dónde se fue el hielo?”

Alberta, Canadá, (Notimex).- «Yo me pregunto: ¿A dónde se fue el hielo?», confía Gisella mientras avanza por el terreno arenoso con rastros de nieve que lleva hasta la falda congelada del glaciar de Athabasca. «Es sorprendente, impacta lo que provocamos».

Ella expresa su sentimiento por el terreno árido que antecede a la mole blanca en el Parque Nacional Jasper, pero la emoción es diferente para quien, por primera ocasión, se planta frente a la masa de hielo de seis kilómetros cuadrados de superficie y seis de longitud.

Peruana por nacimiento y radicada en Canadá hace 20 años, desconoce que, lo que pasa, es un proceso prácticamente imparable, que no es sólo Athabasca y que múltiples investigaciones advierten que, a largo plazo, la masa glaciar se reducirá a nivel mundial en más de 35 por ciento a causa de los gases de efecto invernadero.

Athabasca se localiza en el Parque Nacional Jasper, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y forma parte del conjunto de glaciares que ubican a Canadá en la tercera posición por los de mayor dimensión en el mundo, sólo después de Groenlandia y la Antártida.

En 1994, cubría una superficie de 325 kilómetros cuadrados, que se limitaron a 220 dos décadas después, según las estimaciones de Bob Sandford, presidente de la Iniciativa de la Asociación Canadiense para el Decenio de Acción de Naciones Unidas, en declaraciones a la Radio de Canadá.

John Wilmshurts, responsable de Conservación de la Naturaleza del Parque Nacional Jasper calculó, en mayo de 2014, que la falda nevada había retrocedido kilómetro y medio en 125 años.

Es una pérdida que para el visitante sólo se hace evidente cuando se detiene a leer las placas alusivas que encuentra en su recorrido por el camino pedregoso que lleva a la superficie congelada del valle.

Con leyendas como: «A este punto llegaba el glaciar en 1990», se divulga el ritmo al que avanza el deshielo de la mole, formada entre los montes Athabasca, Snow Dome, Andrómeda y el Pico Wilcox.

Para Gisella su referencia es personal: «cuando conocí Athabasca el hielo cubría hasta allá», un punto imaginario imposible de precisar a simple vista, pero que define su preocupación por la retracción y el deshielo.

El glaciólogo suizo Wilfried Haeberli, explica que los glaciares de montaña son las cubiertas de hielo que mejor reflejan el efecto del cambio climático en el último siglo. «En general, han disminuido su grosor, perdido masa y se han retirado (…) consecuencia de un calentamiento alpino de entre 0,6 y 1°C», explica.

En el texto «El cambio climático y los glaciares de montaña: observaciones e implicaciones», detalla que «los científicos predicen una importante reducción de la masa glaciar en el futuro. Hasta un cuarto de la masa total de los glaciares de montaña podría haber desaparecido en 2050 y hasta 50 por ciento en 2100».

El catedrático español Manuel de Castro sostiene a su vez que «los cambios climáticos en el planeta han ocurrido en el curso de la historia, la gran diferencia frente al que ahora se vive, está en la rapidez que experimenta y que se relaciona con la actividad humana».

Este glaciar destaca como el más visitado en Norteamérica, pues la mayor parte de los cinco millones de paseantes que en promedio recibe Jasper al año, se trasladan hacia Athabasca por la facilidad de acceso que proporciona la Icefields Parkway, carretera panorámica que recorre las rocosas canadienses y gran parte del Campo de Hielo Columbia.

Sin embargo, el mayor impacto para Athabasca no lo originan visitas como la de Gisella, que llega en automóvil hasta el glaciar, ni los turistas que optan por el ascenso en un vehículo adaptado para acercarse a la pared de hielo o por los alpinistas en búsqueda de la cima del Athabasca con sus tres mil 500 metros.

Investigaciones publicadas por Environmental Research Letters advierten que, con base en registros recabados de 2005 a 2015, en una década, la pérdida de masa de los glaciares del Ártico canadiense aumentó 900 por ciento.

El factor principal para que esto ocurra es el aumento de temperaturas en la región y, en consecuencia, un mayor derretimiento superficial.

En su artículo «¿Por qué se están derritiendo los glaciares y el hielo marino?», la World Wildlife coincide al señalar a la actividad humana como «causa medular de este fenómeno» desde principios de 1900.

«Específicamente desde la revolución industrial, el dióxido de carbono y otras emisiones de gases de efecto invernadero han aumentado las temperaturas, provocando elevaciones de temperatura aún mucho mayores en los polos y, como resultado, los glaciares se han estado derritiendo rápidamente», cita.

Ben Marzeion, científico del clima de la Universidad austriaca de Innsbruck, expone en la revista Science, que sólo a mediados del siglo XX se detectó la huella humana como causa.

También calculó que en 1991 sólo 30 por ciento del derretimiento ocurrió por causas naturales y el 70 por ciento restante es consecuencia acumulada de la actividad humana.

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