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Las últimas semanas de marzo llegaron con la caída de la guillotina para un número incontable de educadores bilingües por todo el país, al entrar en carrera las escuelas por informar a los maestros que no se consideran altamente calificados que no tendrán un puesto en el otoño. Aun con el aumento del número de estudiantes con proficiencia limitada del inglés, el número de maestros capaces de darles instrucción en su propia lengua va en declive estrepitoso. Esta lengua nativa de sobremanera es el español.

La ley, Que Ningún Niño Quede Atrás (NCLB por sus siglas en inglés), que entró en vigencia en el 2003, requiere que todos los maestros de materias básicas en las escuelas primaria y secundaria cumplan con los requisitos de ser “altamente calificados” para fines del año académico 2005-2006. Para ser altamente calificados, los maestros deben tener un certificado normalizado de maestro, y tener un título universitario con especialidad, o capacitación equivalente, en la materia que enseñan.

Visto superficialmente, es absolutamente justo pedir que los maestros bilingües cumplan con las mismas normas que todos los demás maestros – la capacitación adecuada y experiencia comprobada en la materia de instrucción, sin importar la lengua en la que se imparten las lecciones.

Sin embargo, en realidad, la mayoría de los educadores bilingües no pasan por los caminos tradicionales de hacerse maestro. Son personas que hablan el español quienes, tras graduarse de la universidad y trabajar en su profesión, optan, con un costo enorme, por dejar sus trabajos y dedicarse a la enseñanza de estudiantes en su gran mayoría pobres, en escuelas de rendimiento bajo, con poca o ninguna destreza en el idioma inglés.

Para calificarse para ser maestros bilingües, estos profesionales se encaminaron en un trayecto de parecer interminable por obtener un certificado de enseñanza bilingüe inicial, llevando cursos de preparación de maestros, aprobando exámenes estatales, y pasando horas incontables preparándose para enfrentar las necesidades de tales estudiantes. El trayecto es aun más difícil para los que, por ejemplo, sacaron su título en psicología, pero que quieren dictar matemáticas o ciencias. Se les asigna la ardua tarea de ser maestro a tiempo completo, colaborar con un mentor de su escuela, ser estudiante de noche, luchando contra las manos del reloj por terminar las clases en la materia que dictan.

Las escuelas no distan de sufrir de las mismas trabas – los administradores en todo el país buscan por todas partes maestros de matemáticas, ciencias, lengua, educación cívica y artes que hablen español y que con éxito hayan podido maniobrar por un sinfín de trámites y obtener la aprobación correcta en el tema de educación bilingüe.

En lo que los requerimientos de NCLB van ahorcando aun más al sistema educativo estadounidense, la carrera por no dejar a ningún niño atrás está abandonando a miles de maestros hispanos, quienes han pagado un costo personal muy alto por devolver algo a su comunidad.

¿Cuántos podrán terminar los últimos cursos de ciencias, matemáticas o inglés este verano para poder ser considerados “altamente calificados” y volver al salón de clase? ¿A cuántos se les pasará la fecha límite pero que todavía podrán perseverar y terminar el programa de cursos requerido para alcanzar el año académico 2007-2008?

Las realidades de tener que contar con el dinero suficiente para subsistir y, en muchos casos, mantener a una familia, hallarán a un sinnúmero de maestros hispanos comprometidos y dedicados en busca de empleo en el sector privado otra vez. No se podrá contar las generaciones de estudiantes que vendrán a este país con la esperanza de mejores oportunidades educativas quienes se verán perdidos sin el apoyo de los maestros que el sistema dejó atrás.

Estos mismos maestros quienes han vertido sus ahorros y sus esfuerzos en hacerse maestros dinámicos, hábiles en dar instrucción cultural y lingüísticamente adepta a sus estudiantes, tendrán que observar mientras los distritos escolares luchan por identificar a los elusivos maestros bilingües.

Durante el curso de un año escolar corriente, la mayoría de distritos escolares necesitan contratar a más maestros. Deben recurrir a maestros de reemplazo a largo plazo para llenar las vacantes de los salones de instrucción bilingüe.

¿Qué va a ocurrir si a fines de julio el 50 por ciento o más de todas las vacantes de maestros bilingües se quedan sin llenar, sin nadie con las calificaciones necesarias para dictar cursos de ciencias, matemáticas o inglés a los estudiantes que saben muy poco inglés?

Tal vez el gobierno pueda aprobar una ley de Que Ningún Maestro Quede Atrás para hacer puente sobre esta brecha y continuar ofreciendo instrucción académica a la comunidad hispana. Se ha comprobado que cuando los estudiantes de proficiencia limitada del inglés reciben instrucción en su propio idioma, logran completar la escuela secundaria y hasta la universidad.

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