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Hispanic Link News Service
(Segunda de dos partes)
Durante las semanas que han transcurrido desde que se refugió en una iglesia de Chicago para evitar que la deportaran, Elvira Arellano ha servido de inspiración a quienes buscan la reforma integral de las políticas de inmigración, lo que eventualmente permitiría que un estimado de 11 a 12 millones de trabajadores indocumentados se conviertan en ciudadanos de los Estados Unidos, pero también ha logrado enojar al resto de país.
La madre soltera de 31 años no puede obtener la ciudadanía debido a que fue hallada culpable de entrar ilegalmente a los Estados Unidos en dos ocasiones, y de trabajar con el número de seguro social de otra persona. Desde el principio, su resistencia pasiva-agresiva frente a las leyes de inmigración inoperantes ha ocasionado reacciones opuestas.
La situación se puso tensa cuando Arellano mencionó a Rosa Parks, legendaria luchadora por los derechos civiles, y expresó que había sido una fuente de inspiración en su lucha. Obtuvo los titulares nacionales que ella y su equipo deseaban, pero las reacciones en su contra amenazaron con parar en seco el flujo de simpatía que había empezado a atraer.
Las estaciones de radio, las cartas al editor y los blogs del internet empezaron a repetir los mismos comentarios una y otra vez. Las fuentes noticiosas locales, aburridas ya del ángulo del santuario, le dieron poco espacio a Arellano para que se defendiera.
¿Cómo pudo compararse con Rosa Parks? "No lo hice, dije que había aprendido de Rosa Parks", comenta Arellano. "Nunca me podría comparar con ella".
¿Por qué no habla bien el inglés? "Trabajo [en ello] todos los días, pero me siento más cómoda en español", dice Arellano.
¿No sabe siquiera quién es el padre de su hijo ni quién pagó por su cuidado médico? "Saúl conoce a su padre y sabe que ambos le queremos", dice Arellano. "Siempre he sido una mujer responsable, pagué por el tratamiento médico de Saúl con dinero que ahorré y yo misma nunca he recibido beneficios médicos del estado".
Mientras tanto, según los días se convierten en semanas, Arellano y Saúl juegan, visten y viven de las cosas que les donan. Ofrecen casi todos los días entrevistas en la radio, la televisión y los periódicos, y atienden las constantes visitas de los grupos de personas que les apoyan. También tienen que esforzarse en ignorar las protestas airadas y las amenazas de muerte que reciben a través del teléfono.
Ambos se han acostumbrado a convivir con fotógrafos y colaboradores, y con el camarógrafo que les acompaña las 24 horas, listo a filmar una amarga confrontación con el gobierno, en caso que los agentes de inmigración decidan violentar la santidad de la iglesia para detenerlos.
Tomó sólo seis días de un itinerario apretadísimo, combinado con pocas horas de sueño, para noquear a la madre y al hijo con una gripe. Allí, en el pequeño cuarto sobre la iglesia San Adalberto, Arrellano siente la presión de vivir, literalmente, bajo la luz de los reflectores.
Arellano ha tenido que endurecerse para resistir las críticas. En su cruzada para ofrecerle a los hijos de padres indocumentados, nacidos en los Estados Unidos, la oportunidad de tener una vida decente, ha recibido duras críticas del público general de que utiliza a su hijo como un peón en su estrategia para que el gobierno federal le dé a ella la oportunidad que otros once millones de personas desean.
¿Es cierto? ¿Pudiera ser que Arellano, en su deseo por beneficiar a su hijo, con un historial de déficit de atención e hiperactividad, esté, en realidad, haciéndole daño a este niño con una combinación de poca estabilidad familiar y de una constante atención de los medios?
Sus palabras, "Èl se siente bien de que estemos juntos (en la iglesia), feliz que [aqué] no nos van a separar", dicen una cosa, pero sus acciones, otra.
A las tres semanas de su estadía en la iglesia, Saúl, de siete años, un experto mini-activista, ha conseguido que sus abogados presenten una moción en su nombre para que se suspenda la deportación de su madre, con el argumento de que si la deportan a ella, también lo deportarían a él, en cuyo caso le estarían violando sus derechos civiles.
=La misma semana en que ambos estaban enfermos con la gripe, Saúl tuvo que viajar a Miami para aparecer en el popular programa de televisión, "Cristina", y en varios otros programas televisivos y radiales locales. Volvió a Chicago por una semana, lo suficiente para un tratamiento de antibióticos, antes de viajar nuevamente a California para más actividades con la prensa.
Aun cuando Arellano expresa su preocupación sobre los efectos que estos eventos tienen sobre Saúl, no se excusa: "Le enseño a mi hijo lo que es luchar por los derechos. Yo sé que algunas veces es duro para él, pero tiene que aprender [estas lecciones]. Tiene que saber que América fue hecha por inmigrantes y ellos lucharon por sus derechos; él tiene seguir para luchar por los derechos también".
(Esther J. Cepeda es una periodista de Chicago. Comuníquese con ella en chihuahua33@hotmail.com).
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