|
Hispanic Link News Service
Un requerimiento para las latinas y los latinos en plan de trepar el rango profesional: leer el nuevo libro de Kenneth Arroyo Roldán, “Minority Rules”. Roldán, director principal de una firma de reclutamiento de ejecutivos con especialización en la ubicación de ejecutivos de cualquier color menos blanco, ofrece a los lectores un vistazo detrás-del-telón del mundo social y político que rigen la empresa estadounidense.
Es una cultura capaz de descarrilar del carril rápido a inteligentes e innovadores hispanos, negros y otros prospectos ejecutivos de color, por el simple hecho de no entender cómo hacerse “parte del equipo”.
De todos los consejos de Roldán, el número uno no es el de ser arriesgado, de hacer conexiones efectivamente, o de buscarse un mentor.
¿Su consejo número uno? Resistir la asimilación.
Arroyo advierte que sujetarse a lo corriente del mundo empresarial en vez de hacerse un experto le puede resultar pernicioso a una estrella en auge.
Estudios que realizó el Centro Hispano Pew y otros han mostrado que si bien el bilingüismo – capacidad de hablar, leer y escribir tanto en inglés como en español -- aparece con frecuencia entre los adultos, menos de uno de cinco emplea exclusivamente el español en casa. La falta de inmersión en el idioma en casa, de hecho el entorno principal del uso exclusivo del español, implica que la capacidad de hablar, sin mencionar la de leer y escribir, el español no pasará efectivamente a las generaciones futuras.
Como maestra bilingüe, no necesito de un estudio para comprobar lo que temo. Con frecuencia, al querer asimilarse y maniobrar entre un mundo de habla inglesa, los inmigrantes recientes optan por hablar inglés en casa. Este esfuerzo por progresar, sugiere Arroyo Roldán, puede destrozar las posibilidades que tendrían sus hijos e hijas en ser “el experto” en la economía global de mañana.
No es coincidencia que por todo el país las escuelas secundarias ahora ofrecen cursos de español para nativohablantes, para cumplir con el requisito de graduación. He oído a los compañeros blancos quejarse a los latinos con, “Para ti el español es fácil. Nosotros tenemos que aprender otro idioma [que el propio]”.
Puede que los compañeros nunca sepan que la capacidad de hablar español de Flor Ramírez o Miguel Hernández deriva de las pocas frases que suelta Dora la Exploradora en su programa de televisión.
La realidad para muchos hispanos en los Estados Unidos es que el español se ha convertido en un idioma extranjero, una maraña de verbos que conjugar y pronunciaciones con las que luchar.
Para los chicos capaces de tener una conversación en español, la lectura de algo tan sencillo como el periódico en español les puede resultar tan frustrante como intentar leer el diario japonés, Sankei Shinbun.
El número de programas de “inmersión dual” altamente exitosos en escuelas estadounidenses sigue siendo ínfimo. Es posible que no distemos de un futuro en el que existan muchas aulas que implementan este método eficaz, que combina un porcentaje de cincuenta por ciento cada grupo -- hablantes nativos del español con nativos del inglés. No obstante, aún con este entorno se pierde la ventaja competitiva.
Así como los chinos, griegos y judíos, quienes han retenido su cultura mediante programas comunitarios de escuela los sábados, los inmigrantes que hablan español deben esforzarse por mantener su cultura e idioma tan ricos, los que permitirán que las generaciones futuras brillen frente a lo corriente en la diversa economía global que enfrentamos ya todos.
Podemos optar por la regla auto-impuesta de “no hablar inglés en casa”, como la que me tocó a mí de chica, o por el esfuerzo por encontrar y pagar la matrícula en clases de español para los chicos desde ahora mismo, pero lo que no podemos hacer es dejar pasar la clave dorada del futuro de nuestros hijos.
Porque después de todo, cuál es la gracia de perder la oportunidad de reírnos del viejo chiste – “Qué se le llama a alguien que habla dos idiomas? Bilingüe. ¿Y al que habla sólo uno? Americano”.
|