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Hace unos días un grupo de periodistas tuvimos la experiencia de apreciar un esfuerzo, muchas veces ignorado, inclusive en algunos aspectos por nosotros mismos, que se encuentra realizando un grupo de mexicanos residentes en los Estados Unidos y Canadá, con fuerte apoyo de la Secretaría de Relaciones Exteriores, constituidos en el Instituto de Mexicanos en el Exterior (IME), un organismo que, integrado por representantes de cada una de las circunscripciones consulares, busca encontrar las soluciones que reclama la inmensa y variada problemática de los mexicanos que viven en la Unión Americana.
No es el propósito de estas líneas el detallar cada uno de los aspectos que fueron abordados dentro de las exposiciones de los diferentes programas que, teniendo como denominador común la protección y asesoría de quienes se han visto en la necesidad o con la oportunidad de emigrar a tierras estadounidenses, buscan resolver o cuando menos paliar problemas legales, de comunicación, financiamiento y transporte que son de sobra conocidos, pero cuya solución es muchas veces compleja o poco probable en razón de las circunstancias.
Las reuniones fueron en ocasiones extenuantes, en un honesto como ambicioso afán de los organizadores de ofrecer la mayor cantidad posible de elementos de juicio que le permitiera a los comunicadores apreciar en toda su magnitud los retos que se presentan para quienes tienen en sus manos la toma de decisiones que permitan mejorar las condiciones de los mexicanos en el extranjero pero, también, las de sus familias que frecuentemente permanecen en tierras mexicanas en espera del producto del trabajo de los emigrados que les permita solventar las necesidades familiares.
La ocasión, adicional y afortunadamente, nos dio a los participantes la gran oportunidad de intercambiar opiniones, en ocasiones críticas, en otras muy documentadas y muchas de ellas ilustrativas de la lucha que, también los comunicadores de origen hispano día a día libran para exponer una realidad que se convierte en noticia y que se transforma, en buen número de ocasiones, en llamada de atención que trae la consecuente solución a un problema.
Entre esos comunicadores merece destacarse a muchos de ellos que, sin ser de origen mexicanos, pero hispanos provenientes o con origen en otros países de América Latina han asumido solidariamente la tarea de exponer con gran profesionalismo periodístico la situación de los mexicanos que viven en el extranjero con una comprensión y compromiso realmente admirables. Mención especial merecen aquellos que, laborando para medios que no son empresas propiedad de hispanos, despliegan su talento para hacer comprensible ante sus superiores o empleadores la necesidad de ver, cuando menos con el más elemental sentido periodístico, situaciones que son confrontadas por los migrantes y que relatan no sólo las tragedias y obstáculos que enfrentan, sino también los éxitos y muestras de la gran capacidad y talento de muchos latinos.
Así pues, vale la pena reconocer, como hay que hacerlo cuando es merecido, la labor del IME y, desde luego de su presidente, Cándido Morales y su director ejecutivo, Carlos González Gutiérrez, quienes con el apoyo de un grupo de entusiastas colaboradores han ido dando forma y trazado estrategias que si bien no resolverán por sí mismas los problemas que aquejan a los hispanos, ya que en eso se involucra a la voluntad de los gobernantes de dos países, sí se dan los pasos con sentido y bien intencionados para lograrlo.
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