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Los irreflexivos cobros en los puentes internacionales
Hace unos días, sin aviso previo, como acostumbra hacerlo, Caminos y Puentes Federales (CAPUFE) puso en vigor la medida de no aceptar dólares en los cobros de los puentes internacionales. Simplemente se colocó un letrero en el acceso a los puentes avisando a los usuarios que la moneda americanan no sería aceptada para efectuar el pago por el derecho de utilizar los puentes internacionales.
La medida, completamente absurda, dado que gran parte de los que cruzan los puentes residen en los Estados Unidos, y, lógicamente no siempre contarán con moneda nacional mexicana, fue, tras ser asimilada por ilógica e inconsciente, reprobada por los residentes de ambos lados de la frontera.
No hubo, como ya es costumbre de la dependencia cuando incrementa tarifas, ningún anuncio público con la suficiente anticipación para que quienes tienen necesidad de hacer uso del servicio se prepararan.
Pero más allá de los inconvenientes de la decisión, no hubo, tampoco, una explicación válida o convincente para llevarla a cabo.
Si bien recientemente se han tomado medidas para controlar los flujos de dólares y se han limitado las cantidades que se pueden cambiar o aceptar en los bancos mexicanos, en este caso, lo que se paga en los puentes oscila entre los dos o tres dólares, quizá menos, dependiendo de la cotización de la llamada moneda verde.
Además de lo anterior, CAPUFE es una dependencia oficial, suponemos digna de toda fe, que tras recolectar los dólares diarios pueden ser recibidos por la Federación, que, dicho sea de paso, tiene en los puentes internacionales una gran fuente de ingresos.
Tras unos cuantos días de ser implementada la medida de no aceptar dólares, se echó marcha atrás. Sin grandes explicaciones para prohibir y posteriormente retractarse.
Esto, si bien en cuanto a la facilidad de pagar en cualquier moneda, eliminó un obstáculo a los miles de conductores que diariamente cruzan de un país a otro, evidenció que en las esferas donde se toman las decisiones en CAPUFE, no se tiene conocimiento real del servicio que se presta y, lo que es peor, no se cuenta con los asesores que pueden evitar exhibir a la dependencia por lo absurdo de las medidas que adoptan. Después de ver esto, se puede esperar cualquier disposición inexplicable en perjuicio del público en CAPUFE. Y sin previo aviso.
DOLAR A 16 POR UNO
En aras de ser objetivo y no parecer que solamente se cuestiona lo que ocurre en dependencias mexicanas, los pagos para utilizar los puentes internacionales cuando se va de Texas a Tamaulipas, cuando menos en el área de McAllen, sí se pueden hacer con pesos y no solamente en dólares, sólo que la cotización del dólar es la más alta que se puede encontrar. Actualmente, sirva de ejemplo, se acepta el pago en pesos de los 2.50 dólares que se cobra por los autos (No camiones ni vehículos pesados) a razón de 40 pesos. Es decir, a 16 pesos por dólar, cuando la cotización no llega, cuando menos en casas de cambios a los 13 pesos. Ahí sí, hay que reconocerlo, en el lado mexicano se acepta la moneda americana al precio que se encuentre cotizada oficialmente por el Banco de México. Una de cal por las que van de arena.
No podemos cerrar este comentario sin mencionar que hasta hace poco más de un año el costo para peatones que utilizan el puente de Hidalgo a Reynosa, que era de 25 centavos (Cora o peseta) se incrementó a 50 céntimos de dólar. Es decir el ciento por ciento. De Reynosa a Hidalgo se ha mantenido por años en los tres pesos. Más cal. Situación similar ocurre en el resto de los cruces fronterizos.
Los puentes en el lado americano son propiedad de empresas o ciudades fronterizas, como es el caso de los puentes que unen a Reynosa con Pharr, Mission e Hidalgo, que pertenecen en un alto porcentaje accionario a la ciudad de McAllen, con una participación a cada una de las ciudades donde se encuentra funcionando el paso internacional.
El tema de los puentes, ligado a la economía, no sólo regional, sino internacional, como dicen los altos funcionarios, tiene muchas aristas, pero no se puede nunca dejar de ver que es un servicio público que debe prestarse de la forma más satisfactoria posible.
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