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Tiempo de celebrar y tiempo de ayudar
Hace tan sólo unos días que comenzaron los festejos del Bicentenario del inicio de la lucha de independencia de México. Las ceremonias del Distrito Federal, algunas de ellas fastuosas, fueron vistas por la población mexicana no solamente en México, sino en el extanjero, particularmente en los Estasos Unidos y, en forma muy espcial, en la frontera del sur de la Unión Americana donde se concentra una gran población procedente del pais vecino del sur.
Todos compartimos la alegría de festejar las más auténticas tradiciones que este año han tenido un especial realce y que, por un breve tiempo, nos hicieron olvidar los difíciles momentos por los que una gran prte de los residentes de los estados del noreste mexicano han pasado en los útlimos meses en materia de seguridad, de siniestros naturales y de repercusiones en la economía de la frontera mexicana.
Pero la naturaleza se encargaría raudamente de brindarnos otro espectáculo. El de la emergencia por los daños causados por los fenómenos meteorológicos.
Los estados del sureste, principalmente Veracruz, en mayor medida, aunque están siendo afectados muchos más, sufren por un embate sin precedente en los últimos años de los fenómenos naturales, que han destruido propiedades, incomunicado poblaciones, inundado ciudades en márgenes de los ríos y provocado escasez de alimentos e insuficiencia de atención médica, entre otros problemas.
El Valle de Texas, particularmente McAllen, ha sido objeto, en tiempos mejores, de las atenciones y muestras de hermandad del pueblo veracruzano. Muchos de los nacidos en ese rico estado han venido a formar parte de la fuerza laboral y económica de ambos lados de la frontera. Su aportación en ese sentido es innegable y sus muestras de amistad y agradecimiento han sido múltiples. Ahí está, como testimonio permanente, la cabeza olmeca que fue donada por el Gobierno de Veracruz al Museo de Artes y Ciencias de McAllen, cuando la prosperidad jarocha no estaba amenazada como ahora. Cuando la adversidad no perturbaba al que es considerado el estado más rico de México, al risueño, bullanguero y progresista Veracruz, que, sin embargo, en este momento confronta los estragos y secuelas de varios huracanes.
Seguramente en el Valle habrá de instalarse un centro de acopio para ayudar a quienes hoy se encuentran en desventura, donde la población generosa y comprensiva podrá hacer su aportación que, aunque sea modesta, cuando se hace colectivamente, representa un paliativo a la calamidad que hoy vive ese estado pero que, en el futuro, lo podrá vivir cualquier región.
Ya celebramos y lo hicimos con gusto. Ya refrendamos nuestos lazos culturales con México. Revivimos nuestras tradciones.
Hoy es tiempo de ayudar.
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