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Mi tía Lucy Parra, de 79 años, fue una niña de 12 quien venía de pasar la peor pesadilla de todo niño. Era 1938, en el curso de pocos meses se murieron ambos de sus padres en circunstancias trágicas. No contaba con ningún pariente en su Los Angeles natal, y tenía sólo información fragmentada de las tías y los tíos en El Paso, Texas, a unas 800 millas de donde estaba.
Por lo tanto, las autoridades del condado le dejaron en manos de unas monjas católicas que tenían un orfanato.
“Imáginate lo destrozada que estaba, habiendo perdido a mis dos padres. Se habían enfermado de no sé qué, y me quedé sola”, recuerda Lucy. “Cuando me tomaron las monjas, me sentí mucho mejor. Yo creía que ellas se asegurarían de darme una buena vida”.
Lo que no sabía era que le esperaba otra tragedia más. La experiencia que tuvo primero de huérfana y luego de mexicana no deseada le hizo tal daño que hasta hoy llora de los recuerdos.
Lucy se convertiría en una de los cientos de miles de mexicanos expulsados de este país durante la Gran Depresión. Como pasó con muchos más, no importaba que Lucy hubiera nacido en los Estados Unidos y que no conocía otro hogar. La costa oeste estaba sujeta a una histeria anti-mexicana, nutrida de la depresión económica. Este capítulo tan desagradable de la historia de los Estados Unidos tiene resonancia hoy, con personas xenófobas clamando por una limpieza étnica contra los mexicanos.
Las autoridades del bienestar del condado, resultó, tenían otro hogar en mente para Lucy. Los abuelos maternos de Lucy vivíanen La Brecha, Sinaloa, un pedacito de pueblo de la costa Pacífica del norte de México. A Lucy le aterraba la idea. No hablaba nada de español y temía lo peor, mudándose al desierto mexicano.
“Me arrodillé frente a las monjas”, recuerda con lágrimas Lucy, “y les rogué me ayudaran a encontrar mis parientes en El Paso. Les dije que tenía mucho miedo. Este era mi país, no México”.
Las monjas empatizaban con ella, pero insistían que el asunto estaba fuera de sus manos. Y así a Lucy la abordaron a un tren camino a México.
“Ay de mí, cómo lloré cuando nos bajaron del tren americano en Nogales y nos subimos al vagón mexicano”, narra. “Me prometí a mí misma que volvería a casa de alguna manera”.
Cuando Lucy llegó a Guasave, el pueblo más cercano a La Brecha, le esperaban sus abuelos. “Eran simpáticos, me dijeron que iríamos a casa en carro”, cuenta, con un fuerte estallido de risa. “Yo no sabía que se referían a una carreta con mulas”.
Sus abuelos vivían en la más dura pobreza. A Lucy se le ocurrió rápidamente que tendría que trabajar. Se volvió experta en hacer tortillas, vendiéndolas por todo el pueblo. “Me costó mucho acostumbrarme. Tuve que aprender español y cómo sobrevivir en este lugar tan chiquito, lejos de todo. No había escuela, entonces allí acabó mi formación académica. Hice lo que pude por disfrutar de la vida, pero sabía que mi hogar era Los Angeles”.
Con tiempo el caso de Lucy se filtró a otros parientes, y enviaron dinero para comprarle un pasaje al norte. “Apenas pude bajarme del tren en los Estados Unidos, me incliné y besé el suelo”, recuerda.
Mi tía recuerda algunos buenos momentos en La Brecha, como los bailes al aire libre y las aveces abundantes pescas de su abuelo. Pero mayormente se siente muy defraudada.
“Yo pensaba que mi país era bueno e incapaz de ser tan cruel”, explica. “Las autoridades me quitaron eso. También me quitaron mi educación. Para cuando regresé estaba tan atrasada en los estudios que me daba demasiada pena volver a matricularme. Eso me perjudicó el resto de mi vida”.
El exilio de Lucy no era resultado de un malentendido, sino parte de un cometido gubernamental por expulsar de los Estados Unidos lo que algunas autoridades consideraban un grupo étnico indeseado. No tenía importancia que los mexicanos habían contribuido enormemente a construir el oeste. Con escasez de empleos, se les consideraba una carga.
Al pasar los Estados Unidos por la lucha de otro declive en la economía de larga duración, es al mínimo prudente recordar lo que puede ocurrir cuando los impulsos bastos, xenófobos, determinan las políticas de gobierno.
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