|
Nuestros abuelos solían decir que todo tiempo pasado era mucho mejor. Que todo duraba más, se disfrutaba más y se vivía con mayor intensidad.
Quizá no existía entonces tanta comodidad y los sabores de la vida se limitaban a fresa, vainilla y chocolate, pero bajo la percepción de ese momento nuestros antecesores estaban satisfechos con ese nivel de vida en donde la capacidad de asombro resaltaba además como un factor de valor especial.
Ahora, las generaciones X, Y y Z nos hemos acostumbrado al cambio constante y a la sensación repentina de caos en nuestra vida cotidiana.
Los físicos y sociólogos contemporáneos explicarían este fenómeno como una relación de causa-efecto en donde la exposición que tenemos frente a la constante estimulación en el ambiente moderno nos lleva a asumir comportamientos acelerados y nos trae consigo consecuencias psicológicas y sociológicas que quizá antes no se vivían.
Sin duda somos una sociedad "sobre-estimulada" en medio del progreso voraz en que vivimos, en donde la publicidad, el consumismo, el estilo de vida y los medios masivos nos sirven de catalizadores para apresurar más nuestros comportamientos.
Esto sin duda nos crea una sensación de constante vacío y apremiante demanda por más estímulos que nos traigan estabilidad mental y emocional, con reconocidas consecuencias que se atraviesan en el camino, como la depresión y el desencanto, que validan nuestra insatisfacción con los logros.
Por ejemplo, somos esclavos de la moda y de las cosas "chic" del momento. La industria del espectáculo nos pone patrones de referencia para vestir, pensar y comportarnos. Y el borreguismo actúa con naturalidad predecible...
Pero nuestros abuelos tenían razón. Ahora todo es más perecedero y además sobreviene el castigo de la sociedad por no actualizarse. Se condena "que estemos fuera de la moda" y que nos mantengamos sin cambiar nuestros hábitos y costumbres.
El fenómeno de cambio y caos se manifiesta también en nuestras formas de pensar y nuestros dogmas. Y esto tiene que ver con las alternativas que tenemos para exponernos hoy en día a toda una variedad de medios informativos, ideas y nuevas culturas.
Creencias y valores son ahora más vulnerables y viven un permanente cuestionamiento, de parte nuestra y de nuestros círculos de referencia social. Surgen movimientos, escuelas de pensamiento y personajes místicos que nos invitan a probar nuevas opciones para encontrar consonancia mental y espiritual.
En este proceso nace una natural sensación de traición y miedo a la vez, de dejar lo que nos han inculcado para conocer algo nuevo que quizá nos haga más felices o quizás no. Finalmente la decisión está en uno mismo y hay quienes le apuestan de lleno a un cambio profundo en su vida personal.
La naturaleza y el universo mismo nos hablan del fenómeno de la adaptación como una variable constante en nuestros procesos de desarrollo. Es conocido que el hombre a través de su historia ha vivido esta adaptación para equilibrar su forma de vida y lograr la sensación de evolución.
¿Pero acaso no cree usted que este fenómeno de adaptación es actualmente más exigente, constante y difícil? ¿No siente en ocasiones una "presión" y una sensación de "aceleramiento" de parte de la sociedad que le impide disfrutar el aquí y el ahora?
Nunca como hoy son tiempos de permanecer alertas y atentos frente a las fantasías y los factores del medio ambiente que pretenden limitar nuestra libertad. Sólo nosotros podemos decidir si nos dejamos llevar por los espejismos que nos traen gratificación momentánea o apostamos a niveles de vida de mayor satisfacción mental y emocional, aunque de limitada comodidad material.
Las fuerzas de la aceleración están actuando destrampadas en el mercado y en el medio ambiente. Pero cuidado, porque por andar de "acelerinos" la inercia nos puede llevar a un agujero negro de inestabilidad permanente y de vacío constante en nuestras vidas.
Empecemos el año 2010 con mayor conciencia del tiempo que vivimos, practicando más la generosidad y el amor al prójimo...
|