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Hace no mucho tiempo, en los días en que mandaba el papel periódico, el periodista mexicano era casi un rey. Aquél tenía el poder de
criticar, cuestionar y atacar a quien quisiera con poca probabilidad—en poder— de ser replicado con la misma intensidad.
A lo mucho, el periodista y su medio de comunicación publicaban una arrinconada carta en el diario o emitían una breve aclaración y desmentido por la radio y la tele. Su nivel de voz, por la capacidad de transmisión prácticamente unilateral (broadcasting), era imposible
de ser igualado.
Pero el Internet y las redes sociales están cambiando esta situación. Y hay dos casos concretos que han vividos dos periodistas mexicanos estos días que así lo refleja.
El primero, Esteban Arce, de Matutino Express, emitió unos comentarios que sonaron homofóbicos para la comunidad gay mexicana durante una entrevista a una sexóloga en su programa a principios de este año.
Arce dijo que la homosexualidad es “demencia animal”, que “no es natural” y llegó a compararla con las drogas.
De inmediato vinieron las protestas principalmente desde el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación y diversos ciudadanos comenzaron una campaña de linchamiento viral a través de las redes sociales.
En Facebook, por ejemplo, el grupo "Esteban Arce Fuera del Aire" había generado diez mil seguidores este viernes 8 de enero, mientras que
otro grupo denominado "La Ignorancia de Esteban Arce" sumaba casi tres mil adeptos.
Además, gracias a YouTube, los mexicanos que se perdieron la entrevista pueden observarla tal cual y "sin ediciones" como acusan que se dio la disculpa pública de Arce por televisión al tratar de aclarar los hechos. El video de Youtube ha corrido como pólvora por Facebook y Twitter.
Otro periodista que se encuentra lidiando con las redes sociales es Ciro Gómez Leyva, controvertido periodista de Milenio y Radio Fórmula y catalogado como uno de los enemigos acérrimos de los seguidores de Andrés López Obrador.
Este fin de semana Gómez Leyva escribió: "No estoy en Twitter. Tampoco en Facebook. El martes, sin embargo, le pedí a mi hijo que me ayudara a cancelar una página espuria que alguien, no entiendo con qué fin, abrió a mi nombre".
Agrega que a principios de semana algunas personas le informaron que lo estaban calumniando e insultando en Twitter, a propósito del
artículo que escribió ese día sobre los diez años de MILENIO.
Es decir, los periodistas enfrentan ahora a un público bien armado en las redes sociales que han adoptado el papel de "vigilantes" de lo que
dicen o comentan no sólo los políticos, sino también los mismos representantes de la prensa. Y, en el caso de Gómez Leyva, pueden
llegar a experimentar lo que muchos periodistas gustan de hacer (calumniar y difamar).
La capacidad de difusión de mensajes y de organización por parte de la gente es ahora posible debido a tres grandes variables: el acceso a tecnologías de comunicación en tiempo real (como Twitter), sitios de internet con presencia comunitaria (como Facebook) y crecimiento de
medios masivos sociales en donde cualquiera puede ser un productor (como YouTube).
Muchos les llaman a estos usuarios "periodistas ciudadanos", pero algunos más bien se denominarían a sí mismos como "defensores del
derecho de réplica" o "correctores de estilo —y modales— periodísticos".
Para gran parte de la gente ésta es una muy buena noticia porque hará que reporteros y locutores conecten mejor la lengua al cerebro antes
de emitir juicios y críticas, logrando así mayor responsabilidad social.
Y de paso, nuestra libertad de expresión saldrá beneficiada al tener no sólo mayores voces en el entorno, sino también altavoces entre los
ciudadanos para ejercer mejor su defensa, aclaración o desmentidos.
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