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La tele mexicana que alarma
La televisión en México está atravesando por una etapa de creciente sensacionalismo. Los noticieros locales y nacionales, sobre todo los matutinos, están viviendo una revolución en sus formatos.
En El DF, Reynosa y Monterrey la nota del narco, el atropellado o el degollado vende. Y mucho.
La noticia seria y formal de antes está siendo ahora sustituída por un estilo más "tabloide" de la información. Las notas del espectáculo y de policía ganan cada día más espacio y tiempo y se imponen a la hora de jerarquizar los temas a difundir.
Ni la radio, hermana de la TV, escapa a esta tendencia. Los medios electrónicos se han dado cuenta que el espectáculo como noticia "vende más" y logra mantener más cautivas a sus respectivas audiencias. Y esto es lo que le interesa finalmente a los anunciates, salvo pocos que todavía piden no aparecer en las "malas noticias".
El factor violencia es el ingrediente supremo. Tragedia, drama y conflicto son surtidos prácticamente durante todo el día, desde los
noticieros que cantan con el gallo hasta los noticieros que trasnochan con los búhos.
¿Pero esto es realmente una situación de demanda de parte de la audiencia? ¿O acaso los medios simplemente están respondiendo a una cruda realidad que se vive ?
La respuesta no parece nada sencilla. Tenemos que considerar una serie de variables sociales que eventualmente influyen en la formación de este tipo de demandas por parte de la comunidad.
Es un hecho que en nuestro país, por ejemplo, vivimos muy de cerca el espectáculo y el drama. La pasión por la música, el cine, el teatro y los deportes es evidente. Son válvulas naturales de escape frente a nuestras realidades de pobreza, tensión y calidad de vida deficiente.
Sin embargo, la vanalidad informativa ha llegado a impregnar otras esferas sociales, como la política misma. Los aspirantes y "suspirantes" a puestos públicos buscan acaparar ahora más los reflectores, asumiendo roles de personajes románticos o de héroes pueblerinos.
La misma sociedad mexicana, con sus problemas cotidianos y la práctica de un estilo de vida más "light", contribuye sin duda a este fenómeno. Aumenta el cinismo, el sarcasmo y la falta de credibilidad frente a las autoridades y los líderes. Y en este terreno, el espectáculo gana adeptos.
Muchos están preocupados ante este tipo de dietas informativas que están alimentando a la opinión pública y coinciden que esto frena los esfuerzos de convivencia y democracia, ingredientes básicos para tener una sociedad más participativa.
Una comunidad enajenada y entretenida no contribuye a generar un país más dinámico y productivo, desde el punto de vista social y político.
Pero por otro lado, estas informaciones parecen gratificar las necesidades de muchos mexicanos y dicha tendencia no parece
reversible.
Intentar regular a los medios y buscar controlar los contenidos informativos de este tipo resulta descartable en primera instancia.
Quizá el camino correcto es encontrar un equilibrio sano entre la información que contribuya de manera propositiva y constructiva a tener un país más saludable y, por otro lado, seguir ofreciendo información de tipo "realista" (pero con valor social) y de escape que ayude a liberar un poco las tensiones cotidianas.
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