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Graduados al vapor en México
Por estos días calurosos de mayo miles de jóvenes mexicanos están terminando su último semestre de carrera y se preparan para graduarse de nuestras universidades listos para ejercer su vida profesional.
Lamentablemente no todos se sumarán a las filas del empleo en junio.
Algunos porque en sus áreas de conocimiento no existen plazas disponibles. Otros porque seguirán todavía en la escuela, aspirando a grados de maestría y doctorado. Y otros más porque simplemente se tomarán algunos meses "para descansar".
Los que ya tienen empleo seguro —o los que ya están laborando desde antes de su graduación— representan un grupo privilegiado de mexicanos. Seguramente su esfuerzo y sentido de anticipación les haya ayudado para encarrilarse bien y con tiempo en su profesión.
Pero la mayoría de ellos está llegando a un punto crítico de angustia en su existencia juvenil: ¿Y ahora "para dónde jalo"?
Y es que el mercado laboral en México se encuentra muy deprimido, castigado, devaluado. Las desocupaciones están de moda, así como el subempleo (contratarse a muy bajo sueldo y en áreas diferentes a la profesión).
Si a eso sumamos la escasa ayuda que reciben los estudiantes en sus universidades para irse colocando tempranamente en empleos temporales o para desarrollar habilidades de emprendedor, entonces la situación para los muchachos se torna demasiado difícil.
Es curioso observar cómo muchas universidades presumen sus programas y carreras "al vapor", lanzando de manera muy precipitada al mercado laboral a miles de egresados aún adolescentes. En dos años están ya en la calle, con título en mano (y curriculum arrastrando), dando lástima por falta de preparación.
Y tenemos así Licenciados en Estudios Elementales, Ingenieros en Media Química (porque no alcanzaron a verla toda) o Doctores en Primeros Auxilios.
Pero esto es algo muy común en México: permitir que operen las "universidades maruchán" (instantáneas), a modo de guarderias juveniles, ansiosas por atraer ese mercado zombi de adolescentes y jóvenes adultos perdidos muchas veces en dudas y angustias sobre qué hacer con su vida futura inmediata.
Cada año que pasa México cae un eslabón más en calidad educativa, según sondeos de organismos internacionales. La producción masiva de jóvenes egresados con preparación "a medias" entoropece los esfuerzos para crear un país más competitivo y funcional.
Ello provoca la formación de jóvenes rencorosos con la universidad que los formó, sintiéndose engañados y muchas veces "robados" (por el precio de inscripciones y matrículas que pagaron).
Para competir en niveles de globalización y con países más desarrollados, no podemos seguir engañándonos a nosotros mismos y vacilando al mundo entero con "universidades" que realmente no lo son.
Por eso batallan muchos de nuestros egresados para conseguir becas en el extranjero, porque la Universidad del Valle de las Iguanas no está acreditada en organismos internacionales (¡y quizá tampoco en México!).
Para no crear falsas ilusiones a nadie, es mejor ser honestos: llamémosle a estos centros de enseñanza simplemente "escuelas técnicas". O que se escoja cualquier nombre pero que no engañe ni se desoriente al estudiante.
Gobierno y ciudadanos tenemos que rescatar el valor sagrado que encierra la institución llamada "universidad", exigiendo mejores y más estrictos niveles de admisión y de calidad curricular, así como analizando las horas o "créditos" justos que se deben cursar.
El objetivo final es elevar la excelencia universitaria, rescatar el valor de las profesiones y formar egresados con mejores oportunidades laborales.
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