|
Vivir enmurallados en México
Los condominios y las colonias "privadas" están de moda en la frontera norte de México. Cada vez son más escasos los conjuntos residenciales de libre acesso.
La inseguridad y violencia de nuestras ciudades ha modificado drásticamente la arquitectura de vida.
Los edificios resguardados y las colonias amuralladas destacan no sólo por la plusvalía que ofrecen en seguridad, sino también por sus
instalaciones de recreo.
Pero el blindaje no está garantizado. Cuando se entra a la brava, se logra llegar hasta la cocina literalmente...
Es interesante observar este tipo de tendencias en vivienda residencial porque nos dice mucho de la forma actual de pensar de nuestra sociedad.
Siempre han existido las casas enrejadas y los condominios con guardia en la puerta, pero ahora es la moda. Desde el punto de vista de seguridad esto es muy bueno. Para nadie es un secreto que los robos, asaltos y otro tipo de crímenes crece en nuestras urbes.
Desde el punto de vista cívico la idea también es muy buena porque convierte a los condóminos y vecinos en ciudadanos más responsables. En muchos casos el fraccionador sólo entrega "la colonia" y los vecinos tienen que administrarla en sus diversos aspectos: en seguridad, recolección de basura, jardinería, etc.
Cuando la colonia es nuevecita, aquello parece un Mundo Feliz. Muchos de los compradores suelen ser parejas recién casadas o con poco años de matrimonio, por lo que tienden a convivir mucho más debido a los hijos.
Se crean así estrechos lazos de comunidad, de convivencia entre vecinos. Empiezan a formar sus mesas directivas y surge una especial participación de la gente con el objetivo de mantener aquel lugar bello y seguro, incrementando así su plusvalía.
Todo va bien hasta que muchos de los vecinos fundadores empiezan a rentar o deciden mudarse. Entonces llega gente nueva, muchos de "dudosa procedencia", que se encierran aún más, con doble candado.
Muchos de los recién llegados no le quieren entrar a la convivencia y les importa el escaso espíritu de comunidad que ahí queda. Deciden no participar con las cuotas ni en asuntos de la colonia.
Al pasar de los años el sector residencial pierde su encanto y luego nadie quiere hacerse responsable de nada: la seguridad es esporádica, el pasto luce triste, la basura se amontona.
En pocas palabras, la plusvalía de aquella colonia se devalúa más que el Euro...
Es triste observar cómo proyectos residenciales de este tipo pueden terminar en un barrio triste e inseguro. Por ello, el sentido de comunidad es un valor que no debe manifestarse de manera casual ni ser una moda pasajera.
Frente a las amenazas atípicas de las zonas urbanas actuales es necesario renovar este sentido de convivencia social e invertirle
mayor voluntad, tiempo y esfuerzo.
De por sí las ciudades nos llenan de estrés, de miedo y conflictos. Lo poco que nos queda de paz —nuestros hogares y barrios— merece una actitud social diferente que nos lleve a ser más solidarios y responsables en los vecindarios en que vivamos, tengan muralla o no.
|