|
La recta final
Tras su cuarto informe de Gobierno el presidente Felipe Calderón se enfila rumbo a la parte final de su sexenio, un período marcado por inseguridad nacional, distanciamientos políticos y "atorones" en muchas reformas.
En el 2006 Calderón llegó con una importante desventaja en comparación a la de su antecesor, Vicente Fox.
Un polémico resultado electoral, en donde prácticamente quedó empatado con su archi-rival Andrés Manuel López Obrador, le dejó una etiqueta de falta de legitmidad en muchos sectores políticos y sociales.
El Presidente inició con una tranquilidad económica envidiable, pero heredó un México sumamente dividido en lo social y en lo político.
Ninguna región del país escapa a la violencia, en algunos sectores más marcada, como es el caso del norte y la parte sureste.
Pero además le ha tocado lidiar con el sistema policiaco más devaluado de la historia moderna de México (los policías siguen con salarios
demasiados bajos en casi todo el país) y una estructura de justicia que en general está "bien pactada" y alejada de todo pragmatismo, ambas situaciones que nos recuerdan los lúgubres episodios de la "Era Durazo" allá por inicios de los ochentas.
En los círculos de oposición se le critica al gobierno actual la falta de negociación y "amarres" políticos para contener el estallido de este tipo de eventos que estamos observando. De hecho, ésta nunca ha sido una habilidad del actual gobierno, quizá por falta de pericia o tal vez una legítima precaución para no caer en juegos de intereses peligrosos.
Se comenta que este caldo de conflictos está siendo aprovechado sabrosamente por Andrés Manuel López Obrador y sus seguidores, así como muchos priístas, para preparar la salida del PAN en los próximos comicios de 2012.
En este cierre de sexenio, la campante inseguridad interna no es el único elemento prioritario a enfrentar. La descomposición social-política es un asunto real que deberá mantener ocupado al equipo calderonista en los siguientes dos años.
Los mexicanos ya están cansados de escuchar solamente anuncios oficiales y quieren ver todavía más acción. Simplemente desean un México que anuncie esperanza, mayor convivencia social y un mejor futuro para sus hijos.
Es de reconocer en todo esto el extraordinario arrojo y empuje para hacer frente a estos tiempos difíciles. Gobernar a México hoy en día, sin duda, es todo un desafío histórico.
Por ello, estos próximos dos años serán cruciales y se demanda de todos los sectores políticos y privados un apoyo al Presidente para que continúe con su campaña permanente de salvación de México.
Dejar a un lado los intereses partidistas y económicos para respaldar a Calderón no es nada fácil, pero se espera que al menos los críticos no le estorben en su propósito.
|