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País de gorditos
Nos distingue a los mexicanos el buen comer. No hay duda de ello. Si las circunstancias nos lo permiten, en nuestras celebraciones familiares y con los amigos presumimos en la mesa nuestras mejores viandas nacionales, desde tacos de chicharrón hasta chiles rellenos de queso o picadillo.
No importa que los altos niveles de colesterol y las acumulaciones de grasita aumenten tras cada bocado. Las tentaciones culinarias son mucho más y, como dicen, "total qué tanto es tantito más...".
Por eso podemos presumir en México de tener el primer lugar en "gorditos", según informa la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico.
La OCDE presentó esta semana el estudio titulado “Obesidad y Economía de Prevención”, en el que ublica a esta nación latinoamericana como la más agobiada por la obesidad y el sobrepeso a nivel mundial.
La organización advierte que el Gobierno mexicano requiere de una estrategia integral que frene los impactos sanitarios y económicos que la obesidad representa para la población.
Según cálculos de la Secretaría de Salud en México, las enfermedades relacionadas con la obesidad y el sobrepeso en el país arrojan costos directos que ascienden a 42 mil millones de pesos anuales.
Como parte de ello, las pérdidas por incapacidades y otros costos indirectos suman 25 mil millones.
¿Y cuáles son las principales afectaciones surgidas del sobrepeso? Principalmente se reflejan a través de enfermedades cardiovasculares, seguidas por la diabetes. Según datos de la Organización Mundial de la Salud las complicaciones del corazón están presentes en cerca de 18 millones de mexicanos, por supuesto, a distintos niveles e intensidades.
La diabetes se ha convertido en un problema serio para nuestro país. Estimaciones de Salud indican que en México hay alrededor de seis millones 500 mil personas que padecen algún tipo de esta enfermedad la cual deja más de 70 mil muertes al año.
Estos costos no son menores, si tomamos en cuenta que el presupuesto global destinado a la dependencia que encabeza José Ángel Córdova Villalobos es de 89 mil millones en el ejercicio fiscal 2010, según la OCDE.
Pero no sólo el exceso de comida nos hace más gorditos, sino también la mala calidad en nuestra alimentación y el ritmo de vida que llevamos sobre todo en las zonas urbanas.
México muestra todavía altos niveles de desnutrición, sobre todo a nivel infantil. Los programas municipales del DIF han hecho grandes esfuerzos por mejorar las dietas de niños y jóvenes, sobre todo a nivel de bajos recursos.
Pero en familias más acomodadas la desnutrición es efecto de una mala planificación en las comidas del día. Muchas madres de familia, por "salir del paso", envían a sus pequeños con gansitos o alimentos altos en harinas para ser consumidos en el recreo, en lugar de dotarlos con alimentos más nutritivos.
Igualmente la vida de continuo movimiento que llevamos como ciudadanos ha trastocado nuestros hábitos de comida principalmente durante los días laborales de la semana. Ya no hay tiempo de ir a comer al hogar, por lo que las tiendas de conveniencia y taquerías de la esquina se convierten en puntos rápidos para "reabastecerse" (y ganar peso por el tipo de ingredientes que ahí se consumen).
La puesta en marcha de distintos mecanismos de prevención, como campañas de información, etiquetado restrictivo de alimentos chatarra, asesoramiento médico y dietista, así como intervención y regulación en las escuelas, podrían evitar hasta 47 mil muertes al año causadas por enfermedades crónicas relacionadas con la obesidad.
Por ello, el esfuerzo tiene que ser conjunto. Tanto autoridades de Salud como padres de familia deben poner mayor atención a esta peligrosa tendencia y trabajar en mejores planes y dietas alimenticias que permitan seguir disfrutando de nuestras ricas recetas nacionales.
Pero con moderación...
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