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El quinto... ¿Bueno?
El presidente Felipe Calderón se prepara esta semana para emprender su quinto año de gobierno, período considerado en el presidencialismo
mexicano como "la última oportunidad" para apurar —o en su caso consolidar— los programas de gobierno previstos al inicio de mandato.
Ello porque en términos prácticos el sexto y último año de administración han sido tomados en la práctica como "años nulos" en cuestión de gestionar proyectos (y en el peor de los casos son llamados "años de Hidalgo"... por aquél que deje algo...).
Es decir, lo que se cocinó en este año que viene se cocinó... Y lo que no se logre entonces quedará en simples promesas y en buenas intenciones.
Calderón inicia su quinto año esta semana con una economía mexicana "aletargada" en su recuperación luego de la crisis financiera internacional de hace un par de años. Pese a que la industria nacional soportaría mejor un eventual golpe en su vital socio Estados Unidos,
el rezago devendrá de una menor inversión privada.
El Producto Interno Bruto (PIB) creció tan solo un 0.73 por ciento en el tercer trimestre, menor que el 2.3 por ciento de los tres meses previos. Según cifras de la Secretaría de Hacienda reveladas recientemente, el PIB se expandió 5.3 por ciento entre julio y septiembre, contra el 7.6 por ciento del trimestre previo.
Hacienda reconoce que el ritmo de expansión del país está decayendo, pero asegura que sus fundamentos esenciales siguen siendo sólidos.
Indica, por ejemplo, que evidentemente existen señales de desaceleración, pero que hay que recordar que en el segundo trimestre se venía creciendo al 7 por ciento.
A diferencia de lo que ocurre con otras economías en América Latina, como Brasil y Perú, el Talón de Aquiles de México sigue siendo su enorme sector servicios (que aporta 60 por ciento del total de la economía), sobre todo en lo que se refiere a la demorada inversión privada.
En la primera mitad del año, el crecimiento económico de México se debió al fuerte rebote en la demanda de exportaciones desde Estados Unidos, su mayor socio comercial y al mismo tiempo el verdugo que marca el paso de la industria local.
Una vez terminada la fase de resurgimiento, los analistas esperaban un reacomodo en el que el mercado interno aportara más al crecimiento,
pero éste carga una pesada loza tras la ola de despidos y de cierres de empresas del año pasado.
El sector empresarial y la opinión pública coinciden que este quinto año de gobierno será decisiorio para acabar de consolidar una serie de
reformas en el sector fiscal y de inversión. Sectores de alta participación, como la pequeña y mediana industria nacional, se han visto afectadas por la falta de claridad en reglamentos fiscales, así como en continuos ajustes en materias de impuestos, lo que frena la productividad y aumenta la carga administrativa para adecuarse a las nuevas disposiciones.
Nuestro país y nuestros empresarios, pequeños y grandes, no podrán progresar en el grado en que el Gobierno altere y revise de manera constante los escenarios fiscales y convierta los trámites de gestión y solución de problemas en prácticos "martirios" administrativos.
Muchos recordarán aquella frase de Calderón en campaña en el 2006 que decía "Pagar impuestos en México es muy complicado". Pues lo sigue
siendo, señor Presidente...
Confiamos que este penúltimo año de sexenio que está por iniciar el Gobierno federal y el Poder Ejecutivo emprendan un pragmatismo en materia de administración con mayores reglas sencillas y procesos viables que estimulen la productividad y la inversión. Nadie quiere que nos dejen como legado más trabas de las que ya teníamos en el sexenio de Vicente Fox...
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