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Los "Niños Barriga"
La población infantil sigue en aumento por todo el mundo.... Pero de peso! Según la Organización Mundial de la Salud, en el planeta hay 45
millones de niños menores de 5 años que son obesos o que presentan exceso de peso, de los cuales el 77 por ciento de los menores viven
en países en desarrollo como México.
De hecho, encuestas en nuestro país revelan que tres niños de cada diez en edad preescolar y esoclar presenta problemas de de este tipo.
Intensas campañas de concientización para controlar la obesidad se han emprendido en el pasado, sobre todo en México (campeón mundial de "gorditos"). Pero la OMS considera que para atajarlo es necesario ir más allá y restringir la publicidad de la llamada "comida chatarra".
Los expertos indican que las enfermedades no transmisibles como el cáncer, la diabetes o las enfermedades cardiovasculares causan el 90 por ciento de las muertes prematuras en los países de bajos y de medianos ingresos.
La obesidad es una de las causas de estas enfermedades, y la publicidad de la "comida chatarra", —de productos poco saludables ricos en sal, azúcar y grasas saturadas— puede alentar su consumo infantil.
Actualmente algunas firmas internacionales como Sabritas, Kellogs, McDonalds y Coca-Cola hacen esfuerzos por concientizar a los padres de familia de moderar el consumo de sus productos, sobre todo en las dietas escolares.
El problema es mundial y muy serio. Tan serio lo es que la OMS anunció que un grupo de líderes mundiales lanzarán una campaña mundial para
prevenir la comercialización de comida chatarra a los niños en donde se discutirá, entre otros temas, la limitación en el número y tipo de avisos a los que están expuestos los niños.
Los expertos hablan de un "maremoto de grasa" que está causando millones de muertes prematuras cada año, por lo que se anticipan medidas voluntarias para limitar la publicidad que a la larga puedan traducirse en leyes que prohíban la práctica, del mismo modo que ocurrió con el tabaco.
El objetivo es reducir el impacto de la promoción de estos alimentos a través de la reducción a la exposición de los niños, bien sea de forma integral restringiendo toda promoción de productos dañinos para la salud, por ejemplo, sobre canales y horarios de televisión.
Tenemos que reconocer que tarde o temprano un niño obeso será un adulto enfermo con males no transmisibles como los cardiovasculares,
el cáncer, diabetes o enfermedades respiratorias crónicas.
Estudios han constatado que la publicidad de productos con grasas saturadas, ácidos grasos tipo trans, azúcares libres o sal dirigida a niños es común en todo el mundo. Y otros estudios han demostrado que la publicidad televisiva influye en las preferencias alimentarias, las solicitudes de compra y las pautas de consumo de los niños.
Incluso cada vez es más evidente que nuestros hijos presentan ahora "enfermedades de adultos" a edad temprana. No sólo influye la mala alimentación, sino también la vida acelerada que les contagiamos como padres que nos lleva a consumir lo que sea y a la hora que sea debido
a la prisa cotidiana.
En especial hay que atacar los entornos donde se reúnan niños, como colegios y centos recreativos. Es hora de hacer la tarea, tanto autoridades, escuelas como padres de familia. No esperemos a limitaciones y nuevos reglamentos en publicidad y en la comercialización de estos productos altos en azúcar, grasas y harinas.
Después de todo, la calidad de vida no se mide en la cantidad de alimentos que consumimos, sino en el balance adecuado y los ingredientes sanos que contienen.
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