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Ética y etílicos
Los periodistas también son noticia. Si no pregúntenle a Carmen Aristegui, la polémica locutora y también columnista —o "calumnista", dirían sus enemigos— de diversos medios impresos.
Seguramente, estimados lectores, estarán ya muy avanzados sobre este tema que tiene que ver con una acusación, a través de una pregunta mal intencionada, de que si el Presidente de México se pasa de generoso en el consumo de etílicos.
El rumor es ya muy viejo. Pero a la empresa MVS no le gustó que Carmen lo trajera de nuevo a discusión en las ondas hertzianas e hiciera eco de ello en un programa de radio.
De este evento se desprendieron muchas variantes: que si la periodista faltó a la ética, que si en el fondo hay una negociación para lograr una concesión o que si fue una oportunidad para que la familia Vargas terminara ya una relación quizá incómoda entre patrón y trabajador.
Llama la atención en especial el primer punto: la supuesta violación a principios éticos de MVS. Y éste es un tema oportuno de conversar debido a que frecuentemente surge como argumento para cuestionar nuestra labor periodística en México.
En el caso de Carmen, la empresa MVS dice que faltó a la ética de la empresa. Hasta el envío de esta columna no se había detallado exactamente qué puntos violó la periodista, solamente que faltó a una disposición relacionada con la prohibición de difundir rumores.
La ética, como diría el director de Milenio, Carlos Marín, no es necesariamente un asunto de ejercicio colectivo, sino más bien de conciencia personal.
"La ética es de quien la trabaja", dice Marín. Y su definición y práctica pueden ser muy diferentes para un sacerdote que para un asesino...
Y es que muchas veces se confunde este término con los criterios de comportamiento empresarial, mejor conocidos como "políticas organizacionales".
Quizá es esto a lo que faltó la periodista Aristegui, a las condiciones de conducta profesional que de ella esperaban los dueños de MVS.
La ética sale hoy a relucir como tema no sólo en el universo periodístico sino también en el gubernamental y de la iniciativa privada.
Pero es sin duda en el periodismo en donde la ética se convierte en tema más recurrente de discusión debido a la integridad que se espera de los comunicadores.
Sin embargo, los aspectos éticos —como sucedió con MVS y Aristegui— son confundidos y por ello se llega a convertir en una discusión de nunca acabar. Quizá sea por ello necesario insistir en que muchas veces la salida de periodistas o de representantes de cualquier otra profesión venga como resultado de una falta a acuerdos laborales.
El "Affaire Aristegui" queda por lo pronto como un caso más del esperado escándalo en el que puede verse envuelto un periodista con una relación patronal. Y no nos debe de sorprender porque las empresas están en su derecho de definir prácticas y criterios de conducta, así como lineamientos editoriales y de ideología o partidismos.
Años atrás casi no había de otra: o se ajustaba el periodista a las condiciones de la empresa o se dedicaba mejor a otra profesión.
Hoy en día, sin embargo, existen los blogs, las redes sociales y el Twitter para actuar en la individualidad. Finalmente serán nuestros lectores y seguidores quienes tendrán la libertad de otorgarnos legitmidad y credibilidad a nuestros comentarios.
Pero no olvidemos que estos "fans" también tendrán el derecho de dejar de leernos y escucharnos o --como se dice hoy en el lenguaje Internet-- de "desamigarnos" y darnos "unfollow" con el riesgo adicional de correr el rumor de que somos "chaqueteros", vendidos y demás descalificativos nada propios para tan noble oficio público.
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