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Con permiso, Andrés Manuel...
Finalmente Marcelo Ebrard oficializó lo que hace mucho tiempo ya se especulaba en la opinión pública nacional: sus aspiraciones a ocupar
la silla de Los Pinos en el 2012 y convertirse en el primer presidente de México de ideología y tendencia izquierdista.
El anuncio del jefe de Gobierno del DF acontece en momentos en que su partido, el PRD, está viviendo la peor crisis de su historia política derivada de un divisionismo profundo por desacuerdos en la formación de alianzas y en la falta de coincidencias para la selección de candidatos a puestos de elección popular.
Será a través del movimiento Vanguardia Progresista por el que se presentará en los próximos días Ebrard para lanzar una especie de "precampaña" política. Con este organismo se comenzará un arduo trabajo en todo lo largo del país con una ambiciosa agenda que incluye
giras, presentaciones públicas, conferencias, así como entrevistas con periodistas nacionales y extranjeros.
Es decir, toda una estrategica político-mediática con el afán de recolectar no sólo preferencias electorales, sino también una ola de "simpatías" de parte de los votantes mexicanos.
Ebrard no la tiene nada fácil. El jefe del DF ha comentado que se requiere "un solo candidato de las izquierdas" y por ello en el segundo semestre del año se deberá llevar a cabo un proceso a través del cual se sepa quién está mejor posicionado (su rival natural será Manuel López Obrador).
Para muchos el anuncio del movimiento progresista no representa formalmente el inicio de una precampaña, pero otros lo ven como algo
ya natural y obvio.
"Vanguardia Progresista" trabajará a partir de la próxima semana en todo el territorio nacional para promover la postulación del perredista con una estructura que tendrá bases y comités de acción política en más de una centena de distritos.
La tarea no resulta nada sencilla no sólo porque "El Peje" está dispuesto a tomar revancha en los comicios del próximo año y así lo ha manifestado en diferentes escenarios en los que se ha presentado. El viejo líder perredista se siente con el derecho de deuda política,
pero muchos lo ven como un político "ya agotado" y cuya simpatía y fuerza ya expiraron desde hace mucho tiempo.
Por ello Ebrard se ha manifestado muy confiado de convertirse en el candidato de la izquierda y centro-izquierda para las elecciones del
2012. Ciertamente le ha tocado gobernar, igual que le tocó a Manuel López Obrador, la ciudad más grande y compleja del país, así como
desarrollar programas sociales de trascendencia no sólo para esa zona, sino de consecuencia para todo México.
Ahí radica su estrategia futura: en llevar este proyecto de gobierno del DF al resto del país.
Sin embargo, su aspiración tendrá su punto clave hacia el segundo semestre de este 2011 cuando se ponga en práctica el método de
selección del candidato de las izquierdas (proceso que podría venirse abajo si se agrava la crisis política entre los diferentes partidos
cobijados en esta corriente).
Ebrard se topará eventualmente con "el Peje", su contrincante principal y hasta hace poco patrón y padrino, con quien seguramente cruzará algo más que palabras llenas de buenos deseos y grandes promesas para tener una competencia limpia en los días que vienen.
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