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Más trabajo preventivo en México
Iniciamos la Semana Santa del 2011 en una situación que se antoja muy difícil para Tamaulipas y para México en materia de paz social y de seguridad. Persiste entre la población la duda de que si algún día resolverán nuestras autoridades el problema de la violencia que ha escalado a niveles macabros.
Han sido ya varios años de combatirla. ¿Pero hasta cuándo? La respuesta tiene que ver irremediablemente con la voluntad y los recursos que impriman nuestras autoridades para aplicar la ley con severidad, mejorar nuestros mecanismos de justicia y depurar a todas las policías, tanto locales como federales.
A Colombia le costó muchos años de esfuerzos y muchas vidas en el camino. A México seguramente le tomará aún más años.
Uno de los principales obstáculos a vencer es la malentendida división de competencias entre autoridades de los tres órdenes de gobierno, lo cual genera una falta de coordinación entre las policías y autoridades de procuración y administración de justicia en todo el país.
Mejores tácticas y estrategias permitirán cerrarle espacios de operación a la delincuencia y acabar con la impunidad que cobija al crimen y la violencia, sobre todo atacando desde los frentes locales y regionales.
Aunque el problema que vivimos ya se ha convertido en todo un cáncer social, todavía se puede hacer mucho a nivel preventivo y combativo desde la parte civil. Es decir, los ciudadanos podemos alternar con nuestras autoridades en esta guerra permanente contra la inseguridad y la violencia extrema.
Por ejemplo, uno de los programas más exitosos a este nivel es el programa DARE (Educación para Resistir el Abuso de las Drogas),
diseñado en Estados Unidos y que ya ha sido implementado con éxito en estados como Nuevo León, Chihuahua y Coahuila.
Su objetivo principal es inhibir el uso de las drogas y el alcohol entre la comunidad estudiantil a través de pláticas donde se les enseña a los menores a discernir sobre los peligros de caer en las adicciones. Más allá de blindar colegios y universidades, como se anunció estos días, urge fomentar más programas preventivos de salud de este tipo apoyados con supervisión paterna, ya que el hogar sigue
siendo la mejor fuente de detección temprana y de control ante el asomo de esta clase de consumo nocivo y de las consecuentes
manifestaciones anti-sociales.
La idea a final de cuentas es promover un cambio hacia una nueva cultura de protección en la sociedad.
Muchos criticarán que emprender este tipo de acciones es una respuesta ya muy tardía y poco práctica a un problema ya demasiado complejo debido a la penetración de la drogadicción a todos los niveles sociales.
Sin embargo, cerrar los ojos, atrincherarse en el hogar y optar por seguir alterando muchos de nuestros hábitos cotidianos debido al miedo que nos invade se antojan medidas que nada contribuyen a una solución más inteligente.
Ya hemos salido de situaciones de crisis más difíciles (terremotos, inundaciones, crisis económicas) por lo que los mexicanos somos
capaces de actuar con mayor empuje y mejor organizados con el fin de proteger a nuestras familias.
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