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¡Qué escándalo, manito!
Así tituló el diario deportivo Olé —uno de los periódicos de mayor referencia en Argentina— el escándalo de los "manitos" mexicanos (como se les llama por América del Sur a nuestros seleccionados) ocurrido recientemente en Ecuador.
Ello en referencia a la noticia que sacudió el martes a la Selección Mexicana de Fútbol por la expulsión de ocho jugadores que metieron mujeres en su hotel de concentración en Quito en vísperas del inicio de la Copa América.
La noticia corrió —como Ana Guevara en sus buenos tiempos— muy rápido por el Messenger, el Facebook y el Twitter: Varios jugadores del seleccionado mexicano habrían sufrido robos de parte de estas chicas en las habitaciones del hotel en que se hospedaron en el marco del partido con Ecuador del último sábado.
Incluso el gerente del hotel en el que se hospedó la Selección indicó a la prensa más tarde que existen videos en los que se ve la llegada de cuatro mujeres que habrían pasado la noche con los jugadores y luego robado celulares, computadoras y dinero de las habitaciones.
El lío de la Selección ocurre apenas a unos días de otro escándalo más, aquél del "dopaje" en que se les detectó a otro cinco jugadores mexicanos altos niveles de clembuterol.
Ello derivó incluso en una defensa presidencial para ayudar a los muchachos de la Selección a amortiguar la crítica internacional.
“Honestamente creo en los muchachos, porque los conozco, son buenos muchachos los de la Selección y de veras ojalá espero que salgan bien, yo sí creo que sí es un asunto de contaminación de comida para que pesen más kilitos la vacas", comentó Felipe Calderón.
Pero nuestro Presidente no ha salido aún a defenderlos de este lío de faldas en donde las autoridades mexicanas y jugadores han tratado de proteger la identidad de algunos de ellos (de los casados of course) que andaban en la amena juerga.
¿Debemos acaso los aficionados al fútbol acostumbrarnos a este tipo de escándalos y "perdonarlos" porque al fin y al cabo son jóvenes que sólo buscan quitarse el estrés de los entrenamientos y encontrar un poco de diversión propia de su edad?
Muchos opinan así, pero otros no. Y quienes critican este tipo de acciones justifican que nuestros jugadores deben actuar como profesionales, cuidar la imagen de México que representan y, sobre todo, servir de ejemplo a los demás muchachos mexicanos que los corean y lloran cuando los ven jugar.
Los escándalos deportivos aquí y en cualquier parte del mundo se vuelven cada vez más recurrentes, pero en el caso de México se acumulan. El mundo de ilusión, falsa mercadotecnia y oportunidad de riqueza que llega a seducir a los deportistas inmaduros es toda una amenaza no sólo para su propia persona, sino también para todo un
sistema deportivo que debería ser más cuidadoso en las formas que maneja.
Pero no sólo los jugadores resultan contaminados. También directivos, entrenadores y personal de preparación física son frecuentemente "dopados" por intereses económicos que los distraen de sus tareas fundamentales de promocionar y practicar el buen deporte profesional.
El caso del equipo River Plate de Argentina ("No llores por mí, Pibe!") que se ha ido a una liga menor es un buen ejemplo de anti-deporte, lucha de poder y prácticas de avaricia.
Los escándalos entre los "manitos" mexicanos seguramente seguirán ocurriendo en el grado de que las autoridades y directivos sean tolerantes y no impongan criterios, políticas y sanciones (pero en serio!) que garanticen una mejor conducta deportiva.
Pero en especial, los muchachos no deben olvidar que son figuras públicas que deben mostrar un comportamiento diferente a los otros jóvenes que no llevan la camiseta nacional y que, sobre todo, deben responder a expectativas de una conducta de altura que los hinchas mexicanos tienen de ellos.
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