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El fin y los medios
El espionaje telefónico no es asunto nuevo en nuestra vida cotidiana. Los diarios en América destacan frecuentemente escándalos de esta naturaleza difundiendo el caso de algún político a quienes los "pájaros en el alambre" le detectaron alguna indiscreción o resbalón muy íntimo.
En México y Estados Unidos estamos acostumbrados a que los diarios son quienes destapan este tipo intromisiones y NO son ellos los espías que escuchan las conversaciones ajenas. Por eso el reciente escándalo de Rupert Murdoch —el magnate de medios— y su periódico The News of The World de Londres cobra especial relevancia y deja un precedente importante para quienes nos dedicamos a la labor periodística.
The News ha sido acusado de contratar investigadores y utilizar a personal del diario para "hackear" en correos de voz, cuentas de correo electrónicos y sistemas de mensajes de políticos, figuras cercanas a la realeza británica y ciudadanos para obtener material de carácter privado que pudiera ser explotado como "noticia" (según la
BBC, hay cerca de 300 periodistas más que podrían haber incurrido en estas prácticas ilegales).
Es importante aclarar que este periódico forma parte de la estirpe de tabloides ingleses de escándalo que han encontrado en la información del espectáculo, el crimen y el chisme político una fuente de ingresos muy provechosa durante muchos años.
Sus técnicas especiales de reportaje de investigación (entrando hasta la alcoba de los implicados) y sus métodos de pagar a las fuentes para obtener la noticia habían sido toleradas por las autoridades y validadas por sus lectores como parte de "la fórmula" del difícil oficio periodístico que implica lograr la nota.
Es decir, el conocido refrán de que "el fin justifica los medios", era la razón necesaria para que los periodistas actuaran de manera poco convencional para el resto de la prensa inglesa convencional (la de Fleet Street) y no tuvieran límite para dilatar la opinión pública con ofertas noticiosas de morbo, lujuria e indignación.
Sin embargo, The News se ha converitdo en encabezado de primera plana y "sopa de su propio té" (bebida que los ingleses prefieren más que el chocolate). Finalmente la ambición de poder y la ceguera de sus directivos lo llevaron a convertirse en una noticia de escándalo, como las que muchas veces este rotativo publicó.
La experiencia británica a fin de cuentas será una experiencia de sanación para la prensa. Más allá de los arrestos a directivos de The News y de personas que colaboraron en las diferentes acciones de espionaje telefónico (entre ellos policías) quedará un aprendizaje para intentar redefinir la función de la prensa tabloide.
Con la fuerza que han cobrado las redes sociales podemos esperar la difusión más inmediata de escándalos, difamaciones y rumores, información fácil de encontrar en algunos diarios.
Este tipo de material es conseguido y filtrado muchas veces por los mismos protagonistas deseosos de comerciar con sus propios dramas y por lectores muy cercanos a las víctimas.
Sin embargo, la sociedad espera una mejor conducta de quienes tienen como misión validar estas informaciones. Y muchas veces avalan el uso de ciertos medios para conseguir la noticia (luego de agotar otras instancias de investigación), pero a final de la historia esperan buenas justificaciones para haberlo hecho.
Por ello, recurrir al espionaje telefónico, el chantaje o el mercantilismo de la información siguen siendo vistas como alternativas que en nada justifican la labor periodística.
A fin de cuentas sólo esto nos faltaba: que los periodistas terminaran como traficantes de noticias, practicando la impunidad, acudiendo al soborno y traicionando a sus lectores.
El FIN ciertamente justificará los MEDIOS en muchas ocasiones. Pero el medio deberá justificar sus acciones eventualmente con la gente y convencerlos de que los métodos utilizados no provocarán daño moral y que, sobre todo, estarán dentro de la ley.
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