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Hábitos y percepciones
Nuestros padres y abuelos en México acostumbraban sacar la mecedora a la banqueta apenas caía la tarde. Y les gustaba salir a caminar en la noche por el barrio para bajar la media docena de enchiladas consumidas en la fonda vecina.
Hoy hacer esto en muchas ciudades de nuestro país luce como una idea descabellada, casi casi una invitación a recibir gratis una bala.
Conforme pasan los años, cambian nuestros hábitos y aumenta nuestra percepción de inseguridad en México. Dos estudios dados a conocer hace unos días reportan interesantes resultados al respecto.
Por una parte, el INEGI reveló que más de la mitad de los mexicanos considera que la seguridad pública actual es peor que la de hace un año; también son mayoría los que perciben que dentro de un año la situación seguirá igual.
En agosto pasado, el Índice de Percepción sobre la Seguridad Pública del INEGI se ubicó en 98.8 puntos, lo que significa una caída de 1.8 puntos con relación a julio.
No obstante, la confianza al caminar solo por el rumbo donde se vive no se modifica para la mayoría de los encuestados, aunque hay contrastes, pues cuatro de cada 10 se sienten mucho peor en esta situación, lo que se refleja en una caída de 7.5 puntos con relación a julio pasado.
El Índice de Percepción sobre la Seguridad Pública se elabora con base en la Encuesta Continua sobre la Percepción de la Seguridad Pública (ECOSEP), que se aplica en 32 ciudades del país.
Ciudades como Monterrey, por ejemplo, han sufrido una transformación radical en los hábitos que sigue su gente. Según el Tecnológico de Monterrey, el 92 por ciento de los regios los ha modificado como consecuencia de la inseguridad.
El Tec mandó realizar lo que denomina el primer estudio de “Victimización, tipología y denuncia del delito en el AMM (Área Metropolitana de Monterrey)”.
El total del 86 por ciento de los encuestados declaró que a raíz de la inseguridad, “ha dejado de llevar consigo objetos de valor y un amplio 84.6 por ciento declaró que ha dejado de salir en la noche”.
Por otra parte, destaca también que el 77.3 por ciento de los encuestados dijo que ha limitado las salidas de otros miembros de su familia; mientras que el 75.1 por ciento ha disminuido o eliminado sus viajes por carretera.
Un aspecto cada vez más recurrente es la experiencia cercana con algún crimen o delito. Cuatro de cada diez, por ejemplo, declara haber sido víctima de algún delito, ellos o algún miembro de la familia que vive en su casa; además el asalto o robo destaca como el ilícito más frecuente con el 41.2 por ciento de los entrevistados.
Estos son sólo datos fríos que ilustran la caída importante en percepción de calidad de vida. Sin embargo, de nada nos sirve conocer cifras si autoridades y ciudadanos las dejan como simple referencia estadística en lugar de emprender acciones para mejorar las cosas.
Mucho se ha avanzado, sin duda, en capacitación policiaca, pero todavía persiste la desorganización a la hora de realizar operativos coordinados.
Además resulta importante no bajar la guardia en lo que respecta a la tarea educativa con la sociedad. Resulta imperante continuar con las estrategias de prevención, protección ciudadana y colaboración civil para combatir el crimen.
No sólo se trata de elevar la sensación de que nos sentimos más seguros en nuestros vecindarios. También es necesario palparlos con hechos y acciones, con resultados que nos hagan recuperar muchos de nuestras costumbres y buenos hábitos que nos hacían disfrutar más el día a día.
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