Contradicciones fronterizas

José Luis B Garza
José Luis B Garza

Si bien eran esperadas una serie de acciones gubernamentales drásticas en los Estados Unidos como resultado de las disposiciones del ya presidente Donald Trump, no es sino hasta cuando se ven los efectos en la sociedad estadounidense y particularmente en la fronteriza, que se aprecia la dimensión de problemas que impactarán a los residentes de Estados Unidos y México.
Por lo pronto, como nunca, legisladores de las dos cámaras y de los dos partidos estadounidenses han hecho acto de presencia en el Valle de Texas para conocer de cerca las condiciones de vida y problemática dialogando con autoridades locales, organizaciones y, en algunos de los casos, con representantes de los medios informativos.
La pasarela legislativa dio inicio el pasado sábado con la presencia del Ted Cruz, senador texano federal y ex aspirante a la candidatura presidencial republicana quien, además de recorrer algunos tramos donde ya se encuentra construido el muro fronterizo, sostuvo un improvisado diálogo con algunos residentes que, con opiniones encontradas, fueron atendidos por el legislador.
El lunes un grupo de senadores encabezados por el otro senador federal texano, John Cornyn, hicieron otro recorrido por instalaciones aduaneras de Pharr e Hidalgo, intercambiaron opiniones con autoridades locales y medios informativos e hicieron un “tour” en lanchas de la Patrulla Fronteriza por el río Bravo partiendo del parque Anzaldúas.
Los legisladores aceptaron que las exportaciones y comercio fronterizos, que representan billones de dólares al año, no son importantes exclusivamente para esta región sino para toda la Unión Americana y que debe encontrarse, por otra parte, una solución legislativa al problema migratorio. Revelaron que harán una invitación al propio presidente Donald Trump para que visite la región fronteriza.
Simultáneamente, una comisión de congresistas demócratas, encabezada por Filemón Vela, de Brownsville y Vicente González, de McAllen, bajo el lema de “Construyamos puentes, no muros” dialogaron con grupos de defensa de migrantes, alcaldes y representantes de otros organismos.
Por si fuera poco, el líder del Congreso, el republicano Paul Ryan, visitó el área de McAllen, sobrevolando el río Bravo y sostuvo una serie de encuentros con algunas autoridades locales y grupos religiosos, particularmente con quienes manejan el centro de ayuda para migrantes llamado “Caridades católicas”. Se desarrolló con gran hermetismo.
Todo lo anterior entre las alarmantes noticias de que los nuevos lineamientos para migrantes indocumentados incluirán una ampliación de quienes serán deportados prioritariamente y de que sin importar su nacionalidad, muchos de ellos serían expulsados del país por la frontera con México.
La presencia en la capital de México de los secretarios de Estado y Seguridad Territorial de Estados Unidos, Rex Tillerson y John Kelly, respectivamente, el jueves, sirvió, al parecer, como atenuante de la justificada preocupación de autoridades fronterizas de ambos lados que avisoran, con las nuevas disposiciones, la posibilidad de que fueran expulsados un número no determinado de migrantes indocumentados de diferentes nacionalidades que crearían inesperados problemas, tanto para las ciudades estadounidenses fronterizas como para las mexicanas de la misma región.
Pero lo que se vive es apenas el principio de lo que será una compleja relación, independientemente del diálogo iniciado entre los responsables de la diplomacia y la seguridad de ambos países vecinos y eso tendrá un efecto directo sobre la región fronteriza, particularmente la de Tamaulipas y Texas. Habrá en los siguientes meses una incesante actividad con motivo de disposiciones migratorias, formas de operar de las autoridades estadounidenses y, desde luego, el inicio de la revisión del Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá.
Un nuevo orden y una nueva sensibilidad habrá de surgir mucho antes de lo que pudiéramos imaginarnos.

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