Del terror al error

José Luis B Garza
José Luis B Garza

Por José Luis BGarza

Las escenas brutales que pudieron ser vistas a través de los medios informativos, internacionalmente, de lo ocurrido en Reynosa el pasado sábado, pudieron dar una idea del terror que vivieron miles de residentes de esta población fronteriza, pero también, los familiares, amigos, conocidos o socios de quienes, no residiendo en este lugar, vivieron horas de angustia por no saber los alcances de los enfrentamientos armados que dejaron una estela de destrucción, muerte, confusión e incertidumbre.

La preocupación mayor, siempre, es la integridad física en peligro o perdida.

Los hechos prácticamente resulta innecesario narrarlos. Múltiples crónicas e imágenes impresionantes llegaron hasta los medios nacionales e internacionales en cuestión de horas y, en algunos casos, de minutos, gracias a la gran facilidad que brinda la tecnología que ha permitido el desarrollo de las llamadas redes sociales.

Oficialmente fueron 32 bloqueos, nueve incendios en comercios y otros en 18 lotes baldíos.

Oficialmente, también, se dio a conocer la muerte del comandante de uno de los grupos delictivos que tenía un gran poder en la región. Igual la de un civil que aparentemente era ajeno a los violentos acontecimientos.

Quienes tuvimos la oportunidad de transitar por las calles de Reynosa nos pudimos dar cuenta de los múltiples vehículos incendiados, desde autos compactos hasta unidades motrices de carga pasando por los del transporte urbano.

Docenas de lugares en las principales avenidas reynosenses exhibían el saldo destructivo de los enfrentamientos de la madrugada del sábado.

Restos de llantas chamuscadas, cristales triturados de autos, accesorios automotrices semi-incinerados y carrocerías de autos y camiones quemadas ofrecían un impresionante espectáculo en gran parte de la urbe reynosense.

Las escenas podían compararse a las de países en guerra.

Los restos de las unidades incendiadas daban una muestra de la magnitud de este último enfrentamiento, que si bien fue de dimensiones impresionantes, no ha sido el primero de ellos.

Reynosa se ha convulsionado frecuentemente por las acciones de las fuerzas policiacas en sus combates con delincuentes.

Sin embargo, en este caso, hubo un hecho que se sumó a la ya de por sí grave ola de violencia que sacudió a la ciudad.

Muchos de los vehículos que resultaron dañados permanecieron durante gran parte del día obstruyendo calles pero, además, ofreciendo una muestra de la barbarie desatada en tierras reynosenses. No eran vehículos simplemente inhabilitados para transitar, eran vehículos calcinados donde habían quedado como efecto de la combustión solamente la carrocería, ya sin color, producto de las olas de fuego que consumieron los componentes de las unidades motrices.

Uno de los grandes problemas que confronta Reynosa en su imagen no es solamente la inseguridad, sino la percepción de inseguridad. En este caso la percepción de la ola de violencia que la azotó.

Mantener por horas expuestos a la vista de la ciudadanía los carros quemados y, desde luego, a ser captados por cámaras de medios informativos, contribuyó enormemente a aumentar el ya patente deterioro de la seguridad de la ciudad.

¿Quiénes son los responsables de despejar las avenidas tras una conflagración de este tipo?

¿Qué autoridades, municipales, estatales o federales, o la coordinación de las tres fuerzas, tienen bajo su responsabilidad, no solamente la detección, combate y aniquilamiento de la delincuencia, sino el posterior restablecimento de la normalidad y la comunicación con la comunidad de tal manera que la opinión pública sepa que la normalidad ha retornado o, en su caso, que el peligro es latente?.

Las pérdidas millonarias en propiedades destruidas fue enorme, pero hubo otras pérdidas que no es fácil cuantificar.

¿Cuántas personas radicadas en el Valle de Texas o en otras latitudes se abstuvieron de ir a Reynosa ese día? De hecho los mismos residentes reynosenses se abstuvieron de transitar o acudir a establecimientos comerciales “por precaución”.

¿Cuántos comercios lamentaron las pérdidas, producto de la ausencia de consumidores temerosos de sufrir algún percance?

¿Cuántas personas cancelaron citas con estilistas, médicos y hospitales, invadidos por el temor?

No fue sólo la violencia, sino la falta o ausencia de manejo de la situación posterior ante la opinión pública.

Cabe decirlo, poco o mucho se puede hacer cuando se habla de restablecimiento de paz y las calles lucen con testimonios elocuentes de encuentros armados que, desafortunadamente, parece que forman parte de la normalidad reynosense.

Hubo un caso que sí es novedad dentro de los efectos de los combates callejeros. Un medio televisivo de Monterrey estuvo haciendo un llamado a los regiomontanos que se encontraban de compras en el Valle de Texas para que esperaran a regresarse, o buscaran una vía alterna a Monterrey evadiendo Reynosa dada la peligrosidad de los hechos ocurridos ese sábado.

Hace tan sólo algunos meses los entonces candidatos, de varios partidos, a diversos puestos de elección popular ofrecieron seguridad y frenar la delincuencia. “Se acabarán las balaceras”, se llegó a decir.

La realidad es otra y, lo más grave, nada garantiza que los hechos violentos no se repitan.

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