El gran dilema del parteaguas histórico

La historia está llena de héroes anónimos.

Previamente ofrecimos cinco argumentos clamando que vivimos momentos que representan un parteaguas histórico, semejante al que existió en la década de los 1960as, en que en los Estados Unidos gran parte de la población se unió protestando contra la Guerra de Vietnam, pero en el análisis histórico, la Guerra de Vietnam fue sólo una máscara para expresar descontento con instituciones, gobernantes, y falta de procedimientos más participativos.  Igual en México, el icónico movimiento del Conflicto Estudiantil que culminó con la Matanza de Tlatelolco de 1968 fue otra careta para expresar lo mismo que en Estados Unidos, y el resto del mundo.

La muerte por estrangulamiento y vista por millones de George Floyd, fue otro detonador, y las protestas contra el racismo es otra careta más que al quitarla muestra un descontento y una multi-complejidad de insatisfacciones.  En el artículo anterior mencionamos argumentos como el peligro institucional, el llamado al voto, el hartazgo de la gente, y el racismo.  Ahora presentamos cinco argumentos más que fortalecen la idea de que se trata de un parteaguas histórico, culminando con un gran dilema.

PRIMERO: ESTOS FENÓMENOS SON DIFERENTES

Los disturbios, desobediencia civil, motines, y saqueos, tienen patrones siempre parecidos.  Multitudes que se comunican por los medios cibernéticos de comunicación social.  La policía se entera y se prepara.  En las últimas décadas, desde los 60as se refinó el uso de equipo antimotines.  Aparte de escudos, macanas, chalecos, y cascos, los gases lacrimógenos, las balas de hule, y las macanas eléctricas o chicharras son comunes e indispensables.  También las tácticas de disuadir, dialogar, poner bloqueos, y entrenar a los policías a no ser agresivos es parte del paquete.  Pero ahora nada ha funcionado.  Por una parte, la policía sigue siendo innecesariamente agresiva, lo que prueba que el entrenamiento que les dan es malo, no sirve, o es disparejo.  Por otra parte, es ahora difícil dialogar, pues no hay líderes visibles debido a la proliferación, apoyo masivo, y frecuencia de las manifestaciones. El grupo más visible que ha capitalizado es Black Lives Matter (Las Vidas de Negros Importan), porque precisamente tienen como misión principal luchar contra la supremacía blanca, y porque tiene sedes en los Estados Unidos, Canadá, y el Reino Unido, por lo tanto, estaban más organizados y pronto se destacaron poniéndose al frente de los movimientos, trayendo los puntos de las agendas, y compartiendo a través de las redes sociales los mismos mensajes.  Son ellos los responsables de la agenda y los logros que ya se han obtenido en los 15 días del movimiento.

SEGUNDO:  LA TECNOLOGÍA.  La gran diferencia ahora al comparar con otras manifestaciones es el valor estratégico de la tecnología.  No sólo hablamos de los medios de comunicación social, sino de los teléfonos que en instantes se convierten en cámaras de filmaciones que se someten a la prensa y todo mundo puede ver lo que se filmó.  A pesar de que es legal filmar, la policía sigue impidiendo y amedrentando a los que filman.  La gente clama a una voz, “eso es lo que se filmó ¿y lo que no se filmó?”  Siempre en las cortes legales y ante jueces, la versión de un policía tiene más credibilidad que la de un acusado. Además, los policías tienen más experiencia en presentarse como celosos guardianes del orden que arriesgan su vida por la sociedad.  La verdad es que en promedio la gente es más hostigada por la policía que por delincuentes. Pero sólo a través de filmaciones se ha comprobado todo esto.  La gente ha sido instruida en responder a policías que quieren impedir la filmación: “Oficial, estoy ejerciendo mi derecho a filmar la forma en la que ustedes se desempeñan en su trabajo, no estorbo, ni interfiero en nada de lo que hace.  Le suplico que me permita ejercer mis derechos.”

TERCERO: LOGROS Y PETICIONES.  Sorprendentemente, a excepción de Trump y sus partidarios, la inmensa mayoría de los gobernantes, aterrados, puestos de cabeza, o sagazmente visionarios han cedido a todo o casi todo lo que demandan los manifestantes.  Han dado instrucciones a la policía a que se hinquen en simbólico gesto de pedir perdón para que los vean los que protestan, han pintado letreros destacando que están de acuerdo con la gente, han aceptado que las policías necesitan reformarse, han pedido disculpas, se han solidarizado con las víctimas y sus peticiones.  Pero por primera vez los grupos, a través de sus líderes, muchos de ellos improvisados, han pedido que se reduzcan los fondos para la policía y se destinen a educación, parques, y proyectos comunitarios.  Esto no tiene precedentes, pues por décadas hemos estado cautivos de las voces alarmistas que fomentaban el paradigma de que la única solución a crimen, robos, pandillas, y peligros era: la policía, y cárceles.  La policía nunca tenía suficientes fondos. Pronto, las multas de tráfico se hicieron un filón de oro convirtiéndose en uno de los negocios más lucrativos de la policía y las ciudades.  El pedir que se detuviera el crecimiento siempre en aumento de la policía era algo impensable antes de las manifestaciones.  Pero las demostraciones de solidaridad, y las filmaciones de la gente han expuesto lo mal que todo funcionaba.  Por ejemplo, aunque en muchas policías, era obligatorio usar una cámara que filmara las acciones policiacas, sólo se presentaban las filmaciones que mostraba a la policía haciendo su deber, se aceptó que los agentes no prendían sus cámaras, o las descomponían cuando éstas captaban sus violencias y abusos cotidianos.  Se hizo también evidente que los policías carecían de certificaciones, es decir, los médicos después de su educación tenían que aprobar rigurosos exámenes, como lo hacen los abogados con su difícil examen de la barra de abogados, los profesores necesitan certificación, plomeros, electricistas, albañiles, constructores de techos, enfermeras, y cientos de otros, ¿y la policía?  Bien gracias, la mayoría carece de certificación.  Las demandas de ahora exigen que existan estándares nacionales y se certifiquen.  Otras demandas han sido más agresivas, llaman por la erradicación completa de los cuerpos policiacos para substituirlos por algo diferente.  Difícil de creer o de apoyar esta última para las mentes convencidas que sin policía estamos a merced de violencia y delincuencia.  Igualmente piden consejos de vigilancia y rendición de cuentas formados por la ciudadanía de la policía, e investigaciones -independientes- sobre abusos policiacos.  Precisamente hoy, 9 de junio, el congreso en pleno aprobó la eliminación de la inmunidad calificada que gozaban las policías nacionalmente, y que era la base para que estos no pudieran ser acusados de demandas civiles.  Resulta de pronto que son tantas las ventajas que tiene la policía para ejercer su brutalidad, que debíamos de culparnos a nosotros mismos por fomentarlo.

CUARTO: EL VERDADERO PROBLEMA.  Pero el argumento de que: “No todos los cuerpos policiacos son malos, ni todos los policías son abusivos, o usan brutalidad”, es un argumento falso.  El verdadero problema, es que no importa quien sea o porqué razón se les autorice uso de fuerzas, y armas, los autorizados buscan invariablemente el sometimiento de quien acusen, quieran acusar, o consideren que deban acusar.  Más aún, se va haciendo costumbre adictiva en ellos que sean vistos con temor.  Quien no lo muestre, estos agentes con poder buscan que sus acciones se encaminen a que lo muestren, dicho sea, con otras palabras, cuando no les tienen miedo piensan que algo han hecho mal, porque el único estado que aceptan es ser temidos.  La cultura de la policía es de violencia, de inspirar miedo.  Cuando alguien se protege, o se les enfrenta son acusados de agresión contra un agente del orden público.  Las desventajas de los ciudadanos frente a un policía son simplemente demasiado grandes, empezando por la inmunidad calificada.  Una estadística, sin verificar, pero por demás creíble, mostraba que más del 90% de los policías acusados de lo que fuera eran declarados inocentes.  La verdad sea dicha, por más que quieran mostrar a los malos policías como la excepción, la policía toda, intrínsecamente se hace mala, ser mala es su misión y el camino que tienen para seguir siendo policías.

QUINTO: EL GRAN DILEMA.  Como todo, el gran dilema es que el sistema está impresionado, con lo que pasa, con el coronavirus, los acechos económicos, la desigualdad, con el gran desafío a nivel mundial de la brutalidad policiaca, y con las evidencias del racismo, pero regresando a la verdad, y sin tener una esfera de cristal, los gobernantes, empezando por Trump, saben que ni el coronavirus durará toda la vida, ni la gente puede seguir manifestándose por siempre.  Uno a uno será vencido por la realidad de un mundo que tiene la lógica de trabajar para vivir, endeudarse, vivir individualmente, ocuparse con lo de uno, y dejar a otros las soluciones de problemas trascendentales. Imposible apostar a que el movimiento siga o prospere.  Como en otras ocasiones cabe preguntarse ahora, ¿qué tanto vivirán los espíritus de George Floyd, o Gieovanni López, o los 43 de Ayotzinapa, los que murieron en Tlatelolco, o en Kent State, o los que han sido las víctimas de los abusos que no conocemos?   Y, ¿los que vendrán?, ¿qué tanto esos mártires modificarán nuestro mundo y perfeccionarán nuestra sociedad?  Ese es el gran dilema. El dilema que como embudo nos lleva a votar.

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