La nueva frontera México – USA

La frontera de México con los Estados Unidos ha sido tradicionalmente receptora de toda clase de influencias de ambos países; su población, en su mayoría originaria del área colindante con el país más poderoso de la tierra, ha crecido viviendo la influencia de lo bueno y malo que viene de los Estados Unidos, creando una cultura especial que comprende gustos, aspiraciones económicas y relaciones familiares y amistosas muy peculiares.

No es ajena, desde luego, a la influencia política y social del resto de México. De hecho, los residentes fronterizos en su gran mayoría tienen sus raíces familiares en los estados del interior de la República.

Pero al igual que los que viven en la Unión Americana y particularmente en Texas son, frecuentemente, por llamarlo de alguna manera, un producto bicultural, con la capacidad de adaptarse y convivir con facilidad con las comunidades de ambos lados de la frontera. Muchos, inclusive hablan indistintamente inglés y español y se trasladan de un lado a otro de la franja fronteriza para convivir por razones de negocios, familiares o de consumo.

Por muchos años ha sido así o, mejor dicho, había sido así.

Durante los últimos meses, particularmente el área del norte de Tamaulipas y sur de Texas, ha sido el centro de atención internacional derivado, no de su desarrollo económico innegable como región binacional, sino por ser receptora de miles de migrantes, la mayoría de ellos “invisibles”, que tras jornadas iniciadas en sus países de origen cruzan hacia los Estados Unidos por el área para entregarse, la mayoría de ellos a la Patrulla Fronteriza, en aras de lograr asilo o lograr quedarse a realizar el llamado “sueño americano”.

En tan sólo un tramo de aproximadamente 230 kilómetros (unas 130 millas), que comprende de Miguel Alemán, frontera con Roma, Texas, a Matamoros, frontera con Brownsville, de acuerdo con las estadísticas de la Patrulla Fronteriza, son detenidas más de mil personas indocumentadas diariamente.

El impacto ha sido tremendo, a grado tal que se ha convertido en uno de los ejes de la política estadounidense, originalmente, pero ahora, con una serie implicaciones, también de la política mexicana.

El tema migratorio se ha vuelto parte importante de la agenda gubernamental de ambos países, no solamente como un fenómeno demográfico sino, también, con un gran efecto creciente en el aspecto económico y político.

La desbordada migración indocumentada hacia los Estados Unidos por la frontera rebasó la capacidad de los cuerpos encargados de su control y colapsó ya la capacidad de los albergues destinados a efectuar el proceso de identificación y posterior comparecencia ante un juez de migración de los ahí recluidos. Los trámites se realizan en forma acelerada para poder mantener un espacio disponible en los centro de procesamiento que cada vez son más reducidos, pese a que se han instalado de forma improvisada más albergues en los últimos meses.

Los agentes que deberían encargarse de la vigilancia e inspección de los límites internacionales estadounidenses, tanto de la Patrulla Fronteriza como de Aduanas y Protección Fronteriza, han sido asignados, en un buen número, a realizar labores burocráticas o vigilancia de centros de procesamiento, restando personal a los puntos de inspección en los puertos fronterizos de entrada provocando el lógico retraso en el cruce de peatones, autos particulares y vehículos para el transporte de carga.

A toda esta ya crítica situación se sumó la decisión de brindar albergue en el lado mexicano a los solicitantes de asilo, que cada vez forman grupos más numerosos en la frontera mexicana, a los que se suman personas de diferentes nacionalidades que llegan esperando poder cruzar por los puentes internacionales, intento que frecuentemente se hace en forma violenta trayendo como consecuencia que se hagan más estrictas las medidas de seguridad por parte de Aduanas y Protección Fronteriza, que han establecido puntos de inspección a mitad de los puentes agudizando aún más, por una aparte, la falta de personal y por la otra un incremento en el tiempo que toma cruzar de México a Estados Unidos provocando trastornos y congestionamientos.

Pero lejos de ser una situación temporal, todo indica que la población migrante, que procede de, calculan, 60 países del mundo, irá cada vez siendo mayor en el lado mexicano.

No se ve una solución a corto plazo. Todo lo contrario.

Se está ante el surgimiento de una nueva frontera, que resentirá, junto con su gobierno, los efectos de la lucha política que se libra en la Unión Americana, afectando a México y sus ciudades fronterizas, que ha encontrado en el tema de los migrantes un punto de confrontación y debate, donde no siempre lo importante es superar la crisis humanitaria sino alcanzar objetivos electorales.

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