Ni una muerte prevenible más

Para La Red Hispana 

Todas las muertes son dolorosas, pero ninguna como los decesos prevenibles. Lamentablemente muchos trabajadores están sucumbiendo en las trincheras del frente de batalla contra la pandemia del Covid-19, por carecer de las protecciones mínimas necesarias para hacer un trabajo absolutamente esencial, sin incurrir en riesgos innecesarios en el lugar del trabajo.

En este caso no me refiero a esos ejemplares héroes anónimos que son nuestros trabajadores de salud, sino a los miles de trabajadores hispanos que laboran en las empacadoras de carne. Para muestra un botón: sólo una planta de la empresa JBS de Greeley, Colorado, tuvo que cerrar luego que 43 trabajadores, muchos de ellos hispanos, resultaron positivos al Covid-19

Pero el cierre de la empacadora fue demasiado tarde para don Saúl Sánchez, de 79 años y quien laboró más de 30 años para la empresa. Fue hospitalizado a finales de marzo con síntomas del Covid-19 y falleció este mes. Su hija, Beatriz Rangel, trató en vano de contactar a la empresa. Hasta la fecha que fue escrita la columna no había recibido respuesta.

El caso de don Saúl, que deja a seis hijos y trece nietos, es un ejemplo emblemático de una realidad doblemente preocupante: muchos sectores productivos cuentan entre su mano de obra a trabajadores de la tercera edad y muchas de las empresas no están haciendo lo suficiente para proteger a sus empleados, especialmente a los más vulnerables. 

La realidad poco conocida es que muchos de los trabajadores hispanos de las empacadoras de carne son mayores de 60 años. En la planta de BJS en Greeley, de alrededor de 4,500 trabajadores, un total de 363 tienen entre 60 y 70 años. Más aún: 58 empleados son mayores de 70 años. De hecho, hasta el momento han muerto allí tres empleados por el Covid-19, todos mayores de 69 años.

Aunque los directivos de la empresa se han comprometido a dotar a los trabajadores de equipo de protección cuando reabra tentativamente el 24 de abril, incluida la compra de 6.5 millones de mascarillas, procedentes de China que están por llegar, es claro que se requiere de directrices federales para que las condiciones mínimas de protección se apliquen a trabajadores esenciales de todo el país.

La Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos (LULAC), la organización latina más longeva de los Estados Unidos tomó cartas en el asunto y sumó el apoyo de la legendaria Dolores Huerta. Ya enviaron una carta a la Administración de Seguridad Ocupacional y Salud (OSHA) y pidieron una reunión con el vicepresidente Mike Pence.

Estos trabajadores esenciales, al igual que muchos más, como los trabajadores agrícolas, necesitan equipo apropiado, licencias de salud con goce de sueldo y revisiones médicas. Esa es la función del gobierno federal, y no perder el tiempo con planes irracionales para reducirles el salario a estos héroes vivientes tan necesarios para el país.

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