Más tardaron en descubrir que Jacinto era tulteco, que en empezar a hacerle encargos de su tierra natal. Jacinto Treviño Carreón era en ese entonces estudiante en la Universidad Autónoma de Querétaro; los solicitantes sus maestros del programa doctoral de la Facultad de Ciencias Naturales y, el producto en cuestión, el champú Aloenogal.
“Lo conseguimos en una feria forestal y es buenísimo para la caída del cabello” le decían sus profesores. Jacinto asintió a sus demandas y cada vez que regresaba a Tula les llevaba sendos frascos de ese champú artesanal que sólo se conseguía en este pequeño municipio tamaulipeco. Este fue su primer encuentro con el producto.
En el segundo, Jacinto ya era el doctor Treviño Carreón, profesor investigador de la carrera de Ingeniería en Ciencias Ambientales, y del programa de Maestría en Ciencias de la Facultad de Ingeniería y Ciencias de la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT), en Ciudad Victoria. Ahora su plan no era enviarles productos a sus conocidos –aunque todavía seguían solicitándoselos- sino conocer de primera mano a la empresa responsable de fabricarlos. El encuentro, cuando tuvo lugar, dejó pasmado al joven investigador.
“Me di a la tarea de buscarlos en el 2005, cuando me vine a trabajar a la UAT. Yo me imaginaba que era una empresa pequeña, ya en forma, pero me sorprendí mucho al ver que las señoras estaban produciendo todo desde su cocina, en su chimenea. En un tizón ponían a hervir el agua en sus propios sartenes y lo envasaban en botes de desecho que ellos tenían de agua o refresco. Fue ahí que pensé “si el producto es bueno y ya lo conocieron en varias partes, deberíamos ayudarles para mejorar su proceso productivo” rememoró el doctor.
La empresa El Nogal de Tula fue constituida el 4 de septiembre
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