Hablar de cenotes en Tamaulipas podría sonar no solamente un tanto extraño, sino hasta erróneo. Sin embargo, tuvimos la oportunidad de dar constancia de una maravilla natural que yace dentro de los límites del municipio de Altamira y, por si fuera poco, de una grutas accesibles y bellas. Inolvidable el impacto para quienes tuvimos la experiencia de recorrer parte de la tierra tamaulipeca en el viaje de familiarización organizado recientemente por la Cámara de Comercio de Mission y el Consulado de México en McAllen, y de cuya primera parte ya dimos cuenta en artículos anteriores.
El último tramo de nuestro viaje, ya en camino de regreso hacia el Valle, habría de sorprendernos todavía con varios espectáculos naturales, sumados al cálido recibimiento que tuvimos en Aldama, último punto de nuestro recorrido.
PARTIENDO DE CD. MANTE: EL BERNAL DE HORCASITAS
Nos despedimos de Cd. Mante un domingo muy temprano en la mañana, con destino a Aldama.
Viajando por la carretera que conduce a Tampico, a 46 kilómetros de distancia, nos encontramos con el que, nos explicaron, es un símbolo tamaulipeco: El Bernal de Horcasitas, que figura en el escudo del Estado de Tamaulipas, enorme promontorio geográfico que se encuentra frente al poblado de González, rodeado de cultivos de maguey, agave tequilano y sávila, pero que continúa siendo visible en Estación Manuel, a 14 kilómetros de distancia.
Sorprende ver a un lado de la carretera este monumento natural totalmente aislado sobre una gran superficie casi plana. Su base inferior se extiende como una alargada loma con forma de cono, cuya base tiene de 6 a 7 kilómetros, cubierta de un bosque de grandes árboles. En el centro de la gran loma se eleva una inmensa torre de roca, cuya base mide aproximadamente 600 metros de diámetro
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