también por su entorno, y se rodean de personas con la misma inquietud; los ecosexuales.
Al decir que alguien es ecosexual se habla de un hombre sensibilizado con la preservación de los recursos naturales, partidario de la convivencia multirracial, que no come alimentos transgénicos y se preocupa por el ahorro energético.
El consumir productos naturales, no comer carne y mantener esa “actitud verde” ya no tiene connotaciones negativas de hippie, sino que brinda estatus (todo lo orgánico y 100% natural triplica el precio a los productos comunes y corrientes).
Estar enterado de las consecuencias del cambio climático, qué animales están en peligro de extinción y saber ahorrar energía son manías que se han enmarcado en un sólo fenómeno social. Las altas esferas son las más involucradas en este rol, porque a diferencia de la gente normal, tienen tiempo y ganas para preocuparse por cosas como el descenso en la temperatura de las pistas de esquí.
El chico del momento se preocupará por comer alimentos exentos de plaguicidas, funguicidas u hormonas que atenten contra el planeta, poniendo especial atención a la letra pequeña de los ingredientes.
Dicha práctica no se reduce al campo estrictamente alimenticio, sino que se extiende a la crema, champú, ropa y objetos, que no serán de plástico sino de materiales reutilizables.
Aprovechan al máximo la luz natural, llegando a catalogar como “pecado mortal” en su decálogo de mandamientos el malgasto de energía.
Lo mismo les ocurre con el consumo de agua potable, éste se debe hacer de modo responsable e inteligente: siempre duchas cortas y el grifo bien cerrado en procesos tan engorrosos como la higiene dental o el lavado de la vajilla.
Consideran también un sacrilegio la utilización de “sprays” (con contaminantes CCF) al igual que es una
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