PRD-PAN: Miami o Atlanta

José Luis B Garza
José Luis B Garza

Por José Luis B. Garza

Las elecciones en cuatro estados de México han logrado producir en la conducta de los dirigentes de los partidos políticos en pugna las más inimaginables reacciones, sobre todo por lo desesperado que resulta para algunos de ellos la baja aceptación que tienen sus candidatos en el ánimo de los electores.

Pero de esas entidades en plena efervescencia electoral, la del estado de México es la que parece resultar crucial para el destino, no solamente del estado en sí, sino por lo que representa para el proceso electoral que culminará en el 2018 con la elección del presidente de la República, senadores y diputados federales y gubernaturas en algunas entidades y, como en el caso de Tamaulipas, elección de alcaldes.

Así, el anuncio de los presidentes del Partido Acción Nacional (PAN), Ricardo Anaya y del Partido de la Revolución Democrática (PRD), Alejandra Barrales, de integrar un “frente amplio” con miras a la elección del próximo año ha desatado toda serie de reacciones, muchas de ellas en el interior de los propios partidos que ambos representan.

De entrada se plantea una alianza para el próximo año, que por circunstancias diversas no pudieron pactar para el actual, concretamente en el estado de México, como sí lo lograron en el estado de Veracruz, el año anterior, por poner un ejemplo, o como lo hicieron en Oaxaca y Sinaloa, previamente al estado jarocho.

La decisión manifiesta de integrar un frente amplio nacional es novedosa, pero desde luego muy remota, aunque no imposible, pero está más inspirada en situaciones muy circunstanciales en las que debe de tomarse en cuenta la decepcionante candidatura panista de Josefina Vázquez Mota, en contraste con la aceptación que ha logrado el perredista Juan Zepeda que, sin bien ha crecido más de lo que algunos esperaban, no le alcanza para derrotar a los más adelantados candidatos del PRI y Morena, Alfredo del Mazo y Delfina Gómez, respectivamente. Si las estadísticas no nos juegan una mala pasada como ha ocurrido recientemente en procesos en distintas partes del mundo, incluyendo México y Tamaulipas en particular.

La hipotética alianza ha sido calificada ya como anti-natura, por Cuauhtémoc Cárdenas que es fundador del PRD, quien goza de un gran respeto político y Jorge Castañeda, el innegable promotor de las candidaturas ciudadanas la denominó una alianza nonata. Y si le agregamos, anti-histórica.

Hay quienes esperan que se dé en el último tramo de la campaña del estado de México una declinación de Josefina a favor de Zepeda. Si fuera una simple operación aritmética, seguro gana el del PRD, ya aliado. Pero esto no es aritmética y quienes ahora  brindan un hálito de aceptación a la candidatura de Vázquez Mota, no necesariamente van a entregar su voto a favor del aspirante perredista.

Pero volviendo a la pretendida alianza para el 2018, Ricardo Anaya la impulsa pensando, desde luego, en ser él el candidato y Barrales difícilmente va a coincidir con esa decisión, pese a lo que ahora diga.

Como dijo alguien, “no se hagan bolas”, el problema  real es la creciente popularidad de Andrés Manuel López Obrador, de Morena, y lo difícil que está resultando para los otros partidos detener su avance rumbo a las elecciones presidenciales.

El gran problema es que al calor de este precoz proceso electoral presidencial que está viviendo el país, difícilmente se va a encontrar un candidato que  reúna, primero, la limpieza necesaria en su trayectoria para poder conjuntar a las disímbolas fuerzas políticas y, segundo, que los grupos logren crear un consenso ante los convocantes Anaya y Barrales, quienes han sido objeto de serias recriminaciones, por no decir acusaciones, por su proclividad a comprar casas en el extranjero, entre otras cosas.

Aunque si se busca un lugar neutral para firmar el pacto de alianza para un frente amplio quizá podría darse en Atlanta o Miami, donde tienen propiedades los dos creativos dirigentes políticos.

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