El presidente Bolsonaro está hundiendo a Brasil

Mientras el mundo está distraído con las últimas noticias sobre la pandemia de COVID-19 y la retirada estadounidense de Afganistán, el presidente de extrema derecha de Brasil, Jair Bolsonaro, está organizando un posible golpe en cámara lenta contra la democracia del país más grande de América Latina.

El 7 de septiembre, durante una manifestación de más de 100,000 partidarios en Sao Paulo, el ex capitán del ejército conocido por muchos como “el Trump de los trópicos”, escaló sus denuncias sin fundamento de que las elecciones de octubre de 2022 serán fraudulentas.

Bolsonaro, que está cayendo en las encuestas en medio de una desaceleración económica y casi 590,000 muertes por COVID-19, dijo a la multitud que las elecciones del próximo año sólo pueden tener tres resultados posibles: “mi arresto, mi muerte o mi victoria”. Y añadió: “Y déjame decirle a la escoria: nunca seré arrestado”.

Cuando leí un titular del diario Folha de Sao Paulo por poco calificando su discurso como “Amenaza de golpe”, mi primera reacción fue que era una exageración. Pero después de hablar con varios analistas en Washington y Brasil, ya no estoy tan seguro de eso.

“No creo que los temores de un golpe sean exagerados: está clarísimo que está haciendo un golpe en cámara lenta”, me dijo Sergio Fausto, un conocido politólogo que dirige la Fundación Fernando Henrique Cardoso en Sao Paulo. “No creo que va a tener éxito, pero tiene un potencial de desestabilización política brutal”.

Además de afirmar sin pruebas que el sistema de votación electrónica de Brasil será manipulado, Bolsonaro afirmó que la Corte Suprema y sus adversarios en el Congreso están tratando de derrocarlo. Bolsonaro ya había sugerido antes de que podría verse obligado a llevar a cabo una “ruptura” constitucional, sin dar más detalles.

Rubens Barbosa, ex embajador de Brasil en Washington, me dijo que “Bolsonaro está siguiendo paso a paso el manual de Trump. Sabe que probablemente perderá las elecciones de 2022 y está construyendo una narrativa similar a la de Trump sobre un supuesto fraude para preparar el terreno para impugnar el resultado electoral”.

Bolsonaro enfrenta varias investigaciones de corrupción de su familia, y el líder brasileño sabe que la mejor defensa es un buen ataque.

“Bolsonaro necesita intensificar la confrontación política para energizar su base”, me dijo Paulo Sotero, analista del Instituto Brasil del Wilson Center en Washington.

“Muchos dicen que Brasil es país complicado, pero hoy no lo es”, tuiteó el analista de Brasil y editor de la revista Americas Quarterly, Brian Winter, tras el discurso de Bolsonaro. “Un presidente que está en declive en las encuestas y cuya familia tiene problemas legales movilizó, con éxito, su base cada vez más reducida pero enérgica en las calles”.

Lo más probable es que Bolsonaro esté siguiendo una estrategia política a dos puntas. Por un lado, está tratando de ampliar la grieta entre la derecha y la izquierda, y convertirse en la mejor esperanza de Brasil de derrotar al probable candidato de izquierda y ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva en las elecciones.

Si Bolsonaro llega a la segunda ronda y pierde por un pequeño margen, podría, como Trump, alegar un supuesto fraude y esperar que las fuerzas armadas de Brasil y los comandantes de la policía regional lo apoyen.

La estrategia alternativa de Bolsonaro, si pierde las elecciones por un amplio margen, sería denunciar un presunto fraude electoral y —como Trump— usar esa narrativa para mantenerse como una fuerza política importante y un candidato viable para el futuro.

En cualquiera de estos dos casos, Bolsonaro está haciendo un gran daño a su país. Uno de los mayores activos de Brasil ha sido que, después de más de tres décadas de gobierno democrático, el país disfrutaba de una reputación internacional de relativa estabilidad política y económica, y de respeto por el estado de derecho.

Bolsonaro está destruyendo todo eso, y sus amenazas de desestabilización están comenzando a ahuyentar a los inversores nacionales y extranjeros, y a afectar a la economía. Muchos economistas ya están reduciendo sus proyecciones de crecimiento económico para Brasil.

Los partidos de centro están ahora discutiendo si iniciar un juicio político a Bolsonaro y, lo que es más importante, si unirse detrás de un candidato único de centro para oponerse a las probables candidaturas de Bolsonaro y Lula. A menos que pase eso, y que ese candidato gane, Brasil tiene por delante un futuro muy sombrío.

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