¿Estado de Negación o Boicot?

Para La Red Hispana

El diccionario define un estado psicológico de “negación” (denial) como un mecanismo químico del cuerpo para ajustarse a situaciones perturbadoras: una forma de protección psicológica consistente en rechazar la verdad y crear una pausa anímica para asimilarla gradualmente. La Clínica Mayo sostiene que el estado de negación puede ser algo bueno, al principio, pero si persiste tiene un “lado oscuro”.

A todos nos ha ocurrido: cuando muere un ser querido muy cercano, de inmediato salta el resorte de la incredulidad. De manera gradual y progresiva, aceptamos la realidad y buscamos mecanismos para llegar a un estado de estabilidad emocional y paz mental.

Durante las pasadas elecciones del 3 de noviembre, más de 76 millones de estadounidenses votaron a favor del demócrata Joe Biden y más de 71 millones de personas votaron por el presidente Donald Trump.  Se convirtieron en los candidatos presidenciales más votados en la historia del país. La fotografía del resultado electoral es la de un país partido por la mitad.

Pero lo que inicialmente pudo ser visto como un lógico estado de negación temporal de la realidad, está dando paso a un volátil experimento de agitación social impulsado con acusaciones sin fundamento o evidencias de un supuesto fraude masivo electoral contra el presidente, que habría subvertido la voluntad popular.

Es posible que muchos de los simpatizantes del presidente que han salido a las calles con pancartas, crean en la veracidad de videos que se han hecho virales de supuestas irregularidades electorales, aunque ninguna ha sido probada. Y es legítimo que el partido perdedor recurra a los mecanismos legales para tratar de lograr recuentos.

Pero la decisión de la administración Trump de boicotear el proceso de transición a través de la negativa de la Administración de Servicios Administrativos (GSA) de reconocer el desenlace de las elecciones y la actitud de prominentes líderes y senadores republicanos de poner en duda el resultado, equivale a arrojar gasolina al fuego en un país con 330 millones de armas en circulación.

Expertos coinciden que las posibilidades de éxito del presidente son virtualmente inexistentes toda vez que tendría que documentar casos específicos de fraude, con nombre y apellido, y acumular un número suficiente de evidencias que matemáticamente haga posible revertir el resultado en los estados del país en disputa.

Se ha filtrado a medios informativos que algunos miembros de la familia presidencial han tratado, infructuosamente, de persuadir al presidente a reconocer la realidad. En contraste, los republicanos empezaron a recaudar dinero para la batalla legal y se habla incluso de realizar actos multitudinarios, a pesar de que la pandemia de COVID está en pleno apogeo.

Si el presidente o los republicanos tienen pruebas de fraude, que las presenten, pues existen mecanismos institucionales para desahogarlas. Pero si no las tienen, deben asumir su responsabilidad histórica de reconocer la voluntad popular y salvaguardar la credibilidad de las instituciones democráticas de los Estados Unidos, que han costado sangre, sudor y lágrimas.

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