Las ilusiones de un soñador

Para La Red Hispana

Hace un par de años, el joven soñador, Osmán López, un “dreamer” beneficiario de DACA, vivía en la frontera de un dilema: la realización de los sueños de toda su vida, y la inminencia de una pesadilla personal y familiar por el temor a la deportación durante la hostil era Trump.

Al cumplirse esta semana el noveno aniversario del programa DACA implementado por el presidente Barack Obama y que blindó de la deportación a cientos de miles de jóvenes indocumentados, la mayoría mexicanos, el mismo programa que Trump buscó descarrilar sin éxito, Osmán no siente la misma incertidumbre y ansiedad, pero se mantiene expectante.

Osmán todavía recuerda el día que su teléfono sonó una tarde del 2012. Era una llamada sorpresiva, con noticias inesperadas.

A los 21 años, se encontraba trabajando en un restaurante italiano a medio tiempo, y tomando las clases que podía pagar en un colegio comunitario, usualmente era 1 clase o raras veces 2 clases por semestre. Su situación indocumentada lo hacía inelegible a ayuda económica. “La vida se sentía estática, con sueños que volaban, pero una realidad que no los alcanzaba”, me cuenta.

“Cuando se implementó DACA, poco a poco fui cogiendo impulso para correr y alcanzar mis sueños de volar. Después de 6 años pude terminar la universidad, convirtiéndome el primero en mi familia en obtener un título universitario. Ver el orgullo en la cara de mis padres valió el esfuerzo. DACA me ayudó a unir cabos y fundir bases para el futuro que soñaba para mi vida”.

En 2019 conocí y escribí sobre la historia de Osmán porque me impactaron su dedicación, su entereza y optimismo, cualidades esenciales de su experiencia americana:

Llegó a los 15 años a los Estados Unidos con una pequeña maleta repleta de ilusiones. Fue traído por sus padres con una visa religiosa, pero en alguna escala de su vida americana perdió el estatus. Fue un comienzo duro. Sin hablar inglés, batalló en la escuela, pero logró graduarse. Cuando quiso entrar a la universidad, se topó con un muro infranqueable de apoyo financiero por ser indocumentado.

Su padre perdió el empleo que los trajo a los Estados Unidos y la familia tuvo que mudarse constantemente, en ocasiones pidiendo albergue en casas de familiares en el sur de la Florida. Las vicisitudes económicas provocaron lo impensable: la familia se vio forzada a separarse.

En 2012, DACA le dio el soporte para cambiar su vida. Recibió una merecida oferta de empleo en Washington, DC, en La Red Hispana, donde hizo sus prácticas de becario.  Todos los días trabaja largas horas como ingeniero de sonido y productor de relevante contenido educativo e informativo dirigido a la comunidad hispanoparlante de los Estados Unidos. Osmán es mi amigo y compañero.

“Después de 9 años, seguimos en la lucha. Esperando en la larga promesa de un ajuste migratorio, pero es una espera activa, formada por muchos como yo. Hoy me siento orgulloso de haber alcanzado lo que hasta el momento he logrado, y vigilante de un futuro que está por escribirse”, me cuenta.

Evité mencionar la nacionalidad de Osmán, porque el verdadero espíritu de la experiencia americana es que tu país de origen no debe importar, sino lo que estás determinado a hacer con tu vida. Eso debería ser el centro de la conversación, conforme el Congreso debate el futuro de DACA y de cientos de miles de talentosos, patriotas y dedicados soñadores como Osmán López.