LATINOS-HISPANOS: Sus complejidades políticas

De lo que se trata no es de cambiar

el pastor, sino de dejar de ser ovejas.

Estanislao Zuleta

EL EVENTO DEL SIGLO

El gran evento en los Estados Unidos, y para el mundo, en lo que va del siglo sucedió recientemente: la elección que por escaso margen rechazó a Trump.  Fue, sin embargo, una elección que no dejó contento a nadie.  Fallaron los pronósticos que aseguraban un margen más holgado de triunfo para los demócratas, no se recuperó el senado, todavía, y será difícil que suceda en Georgia.  Trump y muchos republicanos fanáticos y convenencieros haciendo eco del farisaico, y facineroso perdedor claman que “se les robó la elección.”  El país está dividido, polarizado, sin puentes de diálogo.  La verdad sea dicha, no se discute a Biden como triunfador, pero su victoria fue por márgenes escasos.  Trump aumentó y superó los votos de su elección pasada gracias a la clase trabajadora blanca que lo favoreció, y lo más importante, aunque el voto hispano prefirió a Biden, su rival terminó superando los votos latinos de la elección anterior. En el resto de este artículo explicaremos qué pasa con ese voto latino.

EL MITO DE LOS LATINOS O HISPANOS

Los Estados Unidos, un país cuyas masas rechazan pensar con más profundidad, al mismo tiempo que se evitan los diálogos donde haya un intercambio de ideas.  Tampoco se acostumbran los debates cotidianos, no se ha desarrollado una cultura de saber escucharse, reconocer buenos argumentos, y distinguir mitos de realidades.  Lamentablemente, no es sólo Estados Unidos, este fenómeno sucede en la mayor parte del mundo.  El caso es que, en los Estados Unidos, como campeón de las causas democráticas, el público no ha avanzado en madurar su cultura política y sus procesos de comunicación.  Por lo anterior es fácil recurrir a los estereotipos como un recurso de pereza mental.  Decir “latino”, o “hispano” es alguien moreno, indocumentado, que le gusta el chile y que no habla bien inglés.  Obviamente, muchos saben que la complejidad de esos grupos es mayúscula.  Pero para razones electorales es mucho más sencillo decir: “el voto latino”, “el voto afroamericano”, o “el voto asiático.”  Así, con esa simpleza, los estrategas electorales preparan un par de anuncios en español, y los analistas terminan concluyendo que el voto latino o hispano favoreció a Biden, por tanto, que los latinos son demócratas.  Cierran el capítulo así, y esperan la próxima elección.

LA COMPLEJIDAD DE LOS LATINOS O HISPANOS

Existen personas con raíces étnicas en México, el Caribe, Centro América, Sudamérica y los mismos Estados Unidos.  No hablamos de “algunos”, sino de millones y esa diversidad geográfica impacta los acentos, gustos de comida, vocabulario, ropa, valores y costumbres diversas en extremo sin ignorar que sus estados migratorios hacen otra gran diferencia que impactarán sus preferencias políticas.

Existen los indocumentados con el alma en un hilo diariamente, y los que son ya de una decena de generaciones viviendo como ciudadanos y que el tiempo que han vivido en esta nación los pone en ventaja.  Existen los que recién llegan documentados o no, y los que apenas se conectan con sus lugares ancestrales de origen.  En medio de esos extremos hay toda una gama de grupos y subgrupos que han vivido los procesos de aculturación abrevando o rechazando la cultura local.

Otro aspecto radica en donde viven, por ejemplo, en California se tienen hispanos más que ningún otro grupo étnico; eso ha creado un impacto para que sea progresista y avanzado en sus organizaciones reconociendo las aportaciones de los inmigrantes.  Por tanto, hay programas de ayuda y apoyos diversos, legislaciones favoreciendo a muchos latinos y los políticos y funcionarios de origen hispano, principalmente mexicano, son más bien norma que excepción.  En otros estados, como Texas, es ancestral e histórico el control de blancos, y coexisten con los hispanos sin permitir progresos ideológicos, organizacionales, o educativos.  Florida es territorio de cubanos, y caribeños, por lo tanto, las organizaciones se orientan a servirlos; la predominancia de éstos y los emigrados de Centro y Sudamérica han convertido a Florida, particularmente Miami, en una especie de capital de América Latina, pero con control de cubanos con sus respectivas ideologías e intereses.

La complejidad sigue, la ciudad de Nueva York es un mosaico que tiene más portorriqueños que San Juan, Puerto Rico, compiten y se ayudan al mismo tiempo todos los latinos unos con otros.  El uso del lenguaje es otra variable que se traslapa con las complejidades anteriores; existen los que de plano ya no entienden ni una palabra de español, nunca han estado en Latinoamérica, y ya han abrazado la cultura estadounidense, a niveles que se cambian el nombre de Juan a John, y de Flores a Flowers.  Ni qué decir de los niveles educativos; existen hispanos que no saben leer ni escribir en ningún idioma, y eruditos doctorados.  Hay quienes hablan mixteco e inglés, pero no español.  Hay empresarios, científicos, terratenientes, millonarios, ingenieros, doctores, abogados, jueces, directores de hospitales, enfermeras, especialistas, bandidos, narcos, coyotes, trabajadoras domésticas, jardineros, dueños de pequeños comercios, profesores, sacerdotes, ministros, artistas, actores, escritores, y mucho más.  Con esta diversidad es prácticamente imposible pensar en “un voto latino.”

CONSISTENCIAS

Sin embargo, en esa diversidad tan difícil de entender por la mayoría, sobre todo blanca y de otras etnias, hay algunas consistencias. El voto latino favoreció a Biden, en proporciones de 2 a 1, muy parecido al margen que obtuvo Hillary en 2016.  Excepción de Michigan, en todos los estados péndulo, o veleta, que eran decisivos para el triunfo de uno o de otro, Trump ganó adeptos hispanos.  Sólo la proporción de 2 a 1 salvó a Biden.   La inmensa mayoría de los hispanos o latinos son fundamentalmente clase media baja, conservadores moderados que les interesa la economía, los asuntos migratorios y la salud, son católicos o de alguna denominación protestante.  También es consistente que las mujeres latinas favorecen en mayor proporción a Biden que los hombres hispanos.  Aunque no es necesariamente relacionado con los latinos, pero es importante notar que los católicos que tradicionalmente favorecen al que triunfa, sus comportamientos electorales muestran que cada vez están más divididos en sus preferencias. De muchas maneras el comportamiento político de los católicos refleja a los hispanos.  Es decir, cada elección, se dividen más.  Eso es consistente.

EL FUTURO: TEXAS Y FLORIDA

No hay duda de que el futuro de las elecciones, y por tanto la dirección de los Estados Unidos dependerá de dos estados: Florida y Texas.  Inequívocamente ahí se debe invertir en serio, y con estrategias innovadoras a mediano y largo plazo que haga que la diversidad hispana, se unifique con alguna identidad que no puede ser otra que la de ser originarios de México dado que la inmensa mayoría de esos hispanos tienen ese origen.  La currícula de la escuela, y los libros deben modificarse para que se presente una visión más justa de qué aportaciones han hecho los latinos.  Los políticos se tienen que volver más agresivos y menos “cocos” (se dice de los que son cafés por fuera, y blancos por dentro, en alusión a que usan su etnia para ascender profesional o políticamente, pero complacen las agendas de los blancos).

Florida, necesita una estrategia que rompa el círculo vicioso de pelearse entre latinos.  Ese juego político-ideológico le ha funcionado de maravilla a los blancos que siguen controlando puesto tras puesto, y acumulan poder mientras ven a los cubanos pelearse con los mexicanos, o con otros grupos étnicos.  De muchas maneras Florida es la California del este, pero 20 años atrasado. Estratagemas demócratas por jóvenes visionarios pueden y deben lograr la transformación de Florida y de Texas.

MÉXICO, LOS MEXICANOS Y LA MEXICANIDAD

Nada tiene tanta importancia en preservar la identidad de los mexicanos avecindados en esta gran nación como lo que haga México, y lo mismo se puede decir de todas las naciones del Caribe, Centro y Sudamérica.  Por años las remesas son un bono que se merecen las familias de los emigrados, pero no sus gobernantes que no hacen nada para corresponder.  Se nos dificulta votar para participar en nuestros países, prácticamente no hay diálogo o comunicación con gobernantes de nuestros países de origen, los consulados son trámites de papeles y otras diligencias diplomáticas, pero no son las “Casas de los Mexicanos”.  Aunque abrumadoramente los mexicanos de la diáspora apoyamos a AMLO, su administración ha sido fatal con nosotros, aparte de no hacer -nada- en consulados o de apoyarnos facilitando nuestras organizaciones. Ha venido sumiso, a someterse ante Trump y lo ha llamado “amigo de México y los mexicanos.”  Hasta los más ignorantes se dan cuenta que ese ha sido un gran error.  Cierto que ha sido consistente en agradecer nuestras remesas. Pues gracias y de nada.  ¿Qué sigue?

PELIGROS

Hay muchos peligros.  Entre los más grandes es la pérdida de identidad, perder el español, dejar de viajar a México afectando el turismo, que ni siquiera saben explotar los funcionarios mexicanos encargados.  Trump amenazó con poner un impuesto a las remesas para hacer su ignominioso muro.  Eso puede pasar como iniciativa de los republicanos más conservadores, aprovechando el caminito que les enseñó el racista de Trump.  Sin duda, el más grande peligro es la semilla de racismo que Trump y su fallida administración plantó por toda esta nación en las mentes de blancos que se sienten los legítimos y únicos herederos de estas tierras.  Es menos complicado iniciar un desenraice de esas semillas -ahora- antes de que germinen y se vuelvan una hiedra venenosa.  Va en el interés de México, los mexicanos de allá, y de acá jugar juntos este juego.  Como es justo y necesario que todas las naciones del Caribe, Centro y Sudamérica con la iniciativa de México se unan a una política consistente para hablar a favor de esta diáspora, de recuperar la dignidad maltrecha que ultrajó Trump y los intereses republicanos.  No hacerlo es garantizar que los millones de emigrados latinos cambien su identidad, las remesas disminuyan, y nuestras naciones se debiliten.

Los latinos o hispanos, es un término en sí mismo complicado que le sirve a los censos y a las elecciones, pero que no representa la realidad de la diversidad que representan.  Nuestras agendas son dispersas, variadas y retrasadas.  Los partidos políticos, particularmente el Demócrata, pueden cambiar estos destinos, entendiendo esta diversidad, invirtiendo tiempo, esfuerzo y dinero en el futuro de los hispanos, que es el futuro mismo de los Estados Unidos.