Más de 15.000 menores solos persiguen desde enero el sueño americano

Fotografía del 5 de marzo de 2021 donde se observan menores que permanecen en el albergue El buen Samaritano, después de que cruzaron con sus padres el Río Bravo, y fueron expulsados de Estados Unidos, en Ciudad Juárez, Chihuahua (México). EFE/Luis Torres

Ciudad Juárez (México), (EFE).– Más de 15.000 menores migrantes arribaron solos entre enero y febrero a la frontera norte mexicana en busca del sueño americano y otros 200 lo hicieron acompañados, según cifras oficiales de EE.UU. De estos, más de un centenar llegaron hasta la violenta Ciudad Juárez y se convirtieron en el reflejo de un fenómeno creciente y extremadamente peligroso.
El pasado 31 de marzo, el Instituto Nacional de Migración (INM) de México informó que había localizado a un niño hondureño de cuatro años viajando solo cerca del río Bravo en Reynosa, en el nororiental estado de Tamaulipas.
Iba con otras nueve personas, tres eran mujeres adultas, pero ninguna la reconoció como familiar.
Situaciones dramáticas como esta también acontecen del otro lado de la frontera, en Estados Unidos, donde este martes agentes de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, en inglés) rescataron a dos hermanos de 5 y 6 años abandonados por traficantes en un zona rocosa entre California y México.
Y días antes, un video del CBP reveló cómo traficantes de personas dejaban caer a dos niñas ecuatorianas, de 3 y 5 años, desde lo alto del muro fronterizo.
“Solo Dios conoce el corazón de esas personas que dejan a sus hijos, quizás es la desesperación”, dijo este jueves a Efe Evelin Contreras, una hondureña de apenas 18 años que viaja con Daniel, su hijo de dos.
Evelin huyó de Honduras por la corrupción y la violencia. “No se puede vivir ahí”, remarcó la joven, hoy hospedada en un refugio de Ciudad Juárez llamado El Buen Samaritano y con el deseo de cruzar a Estados Unidos para dar una buena educación a su hijo.

Fotografía del 5 de marzo de 2021 donde se observa a Glenda Méndez, quien permanece en el albergue El Buen Samaritano, después de ser expulsada con su hijo de dos años al intentar cruzar hacia EE.UU., en Ciudad Juárez, Chihuahua (México). EFE/Luis Torres

MILES DE CASOS
Según datos de la Secretaría de Gobernación (Segob) mexicana, entre enero y febrero de 2021 se presentaron ante las autoridades migratorias un total de 21.868 personas.
1.742 eran menores de edad y cerca de 800 de estos viajan sin acompañamiento.
Las cifras oficiales estadounidenses son todavía más dramáticas. Entre enero y febrero el CBP detuvo a casi 180.000 migrantes. De estos, 15.315 era menores no acompañados y apenas 245 viajaban con adultos.
El auge migratorio se relaciona con la llegada del demócrata Joe Biden a la Casa Blanca y su promesa de una política migratoria más humanitaria, atendiendo a miles de casos de asilos bloqueados durante el mandato de Donald Trump (2017-2021).
Ciudad Juárez, en el estado de Chihuahua y vecina de la texana El Paso, no es la excepción.
De acuerdo con información de la Unidad de Política Migratoria de la Segob de México, durante los dos primeros meses del 2021, fueron puestos a disposición de las autoridades migratorias en esta región a 133 menores, de los cuales 78 viajaban solos.

DURA TRAVESÍA
“Los peligros que atraviesan los niños abarcan desde la violencia en su lugar de procedencia y pasan por el trayecto, en el que son expuestos a traficantes, a extorsiones y a grupos del crimen organizado que los utiliza para transportar sustancias ilícitas”, dijo a Efe la jefa de Protección de Unicef México, Dora Giusti.
Señaló que varias familias centroamericanas han recibido un mensaje equivocado y creen que estando en México van a poder transitar libremente a Estados Unidos para tramitar fácilmente asilo.
“No es el mejor momento para ponerse en riesgo y poner en riesgo a sus niños. Es mejor esperar a que se anuncien otros tipos de programas en el futuro”, señaló.
Sobre este tema, Juan Fierro García, director del albergue El Buen Samaritano, comentó que desde la llegada de las primeras caravanas de migrantes registradas en el año 2018, la mayoría de adultos vienen acompañados de niños.
Pues a menudo piensan que esto les va a ayudar a cruzar hacia el vecino del norte pero “desde luego están mal informados” por “rumores” esparcidos por traficantes, apuntó el activista, que hoy acoge en su espacio a casi 90 personas.
Este albergue es amplio y está adaptado para poder cubrir las necesidades de los migrantes.
Como muestra, hay juegos para los niños, desde toboganes a casitas construidas de madera.
La fachada es sencilla y al entrar se percibe la armonía. Duermen en literas y al lado ponen su ropa y calzado.
Entre los migrantes hay camaradería y comparten su travesía para ir a Estados Unidos.
Fierro García agregó que los refugiados llegan en condiciones emocionales “complejas” al darse cuenta de las dificultades que conlleva el sueño americano, y muchos son llevados con engaños.
“Decirles a todos los extranjeros, si no tienen necesidad de estar en la franja fronteriza, esperen un protocolo migratorio”, indicó.

Fotografía del 5 de marzo de 2021 donde se observa a una familia que intenta cruzar el Río Bravo hacia Estado Unidos, por la frontera de Ciudad Juárez, Chihuahua (México). EFE/Luis Torres

MIGRACIÓN INTERGENERACIONAL
Eda Cristelia Meléndez, hondureña de 70 años, viaja con su nieta Linda de 3 años.
Quiere reunir a la pequeña con su madre, que está en Chicago.
“Me vine caminando y gente de buen corazón me daba aventón (transporte gratuito) y alimentos”, rememoró la anciana, que tiene a tres hijos en Chicago y a un cuarto en Houston (Texas).
“Yo no estoy de acuerdo en ningún momento de dejar a tus hijos solos. Es algo tremendo porque sufre tanto el menor como la madre”, subrayó.
A sus 37 años, la guatemalteca Glenda Méndez emigra con sus hijos de 16 y 14 años.
“Vine porque quiero darles un buen estudio a mis hijos, a veces la pobreza hace viajar a otro lugar”, dijo la mujer, convencida que siempre hará la travesía con ellos porque le apena demasiado dejarlos atrás.
“Uno se desgarra al ver sufrir a sus hijos. Los míos están adolescentes, pero yo lloraba con ellos y decía: ‘Dios mío sácalos de este lugar”, concluyó la mujer con voz quebrada.

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