No sólo la obesidad, sino su duración, son un factor de riesgo de daño al corazón

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A heart is on a weight scale

Credit: iStock

Analizando los datos clínicos recolectados de más de 9.000 personas, científicos de Johns Hopkins han comprobado que los años que alguien vive con exceso de peso o como obeso parecen “acumularse” en un factor de riesgo indiscutible de daño al corazón. Según el estudio, las personas excedidas de peso por más tiempo pueden tener una mayor tendencia a mostrar positividad en las pruebas de detección del marcador químico del daño cardíaco “silencioso” o asintomático, en comparación con aquellas que estuvieron excedidas de peso por menos tiempo.

Los investigadores señalan que estos hallazgos insinúan que mantener un peso saludable a lo largo de toda la vida es importante para la salud del corazón y para aminorar el daño a medida que la gente envejece.

Los autores advierten que su estudio no fue concebido para determinar o medir la relación directa de causa y efecto entre la obesidad a largo plazo y el mayor riesgo de cardiopatías, sino más bien para aclarar las posibles relaciones que podrían existir entre estos dos factores.

“Usando una prueba que mide las concentraciones de la proteína troponina, estamos descubriendo que el peso de una persona a partir de los 25 años está vinculado al riesgo de sufrir mayor o menor daño cardíaco más tarde en la vida,  lo cual subraya la probable importancia de controlar el peso a largo plazo para reducir el riesgo de cardiopatías”, señala el Dr. Chiadi Ndumele, M.D., M.H.S., profesor adjunto de medicina de la Cátedra Robert E. Meyerhoff en la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins y miembro del Centro Ciccarone de Johns Hopkins para la Prevención de Cardiopatías. “Lo que indican nuestros hallazgos es que incluso en ausencia de factores de riesgo cardiovascular, tales como la hipertensión, la diabetes o la enfermedad renal, el número de años que una persona vive con exceso de peso u obesa contribuye a aumentar la probabilidad de sufrir daño al corazón.”

En el 2014, el Dr. Ndumele y sus colegas demostraron que el exceso de peso está relacionado con el daño cardíaco asintomático usando un análisis que detecta las concentraciones elevadas de troponina de 14 nanogramos por litro o más—un indicador clínico del daño al corazón identificado mediante un análisis de proteínas en la sangre. Pero ese estudio no contempló el papel de ser obeso durante un período prolongado de tiempo.

En su nuevo trabajo, cuya reseña aparece en el número de enero de Clinical Chemistry, el equipo de investigadores usó los datos de 9.062 personas inscritas en el estudio financiado por el gobierno federal llamado Riesgo ateroesclerótico en las comunidades (ARIC, por su sigla en inglés), realizado en el condado de Washington, Maryland, el condado de Forsyth, Carolina del Norte, en Jackson, Misisipi y en la ciudad de Minneapolis. El 58 por ciento de los participantes eran mujeres y el 21 por ciento eran afroamericanos.

Para el estudio se reclutaron participantes desde 1987 hasta 1989, y ellos asistieron a cuatro visitas hasta 1998 para evaluar su índice de masa corporal (IMC), antecedentes de cardiopatía y concentraciones de troponina altamente sensible en la sangre. Los participantes autoinformaron su peso a los 25 años, lo cual permitió obtener información sobre su peso desde la juventud hasta la madurez y la edad avanzada. La edad promedio de los participantes en la cuarta visita fue de 63 años.

Casi el 23 por ciento de los participantes aumentaron su IMC entre la primera y la cuarta visita. Un IMC superior a 25 kilogramos por metro cuadrado indica que la persona está excedida de peso, y un IMC superior a 30 indica obesidad. En la cuarta visita, 3.748 participantes tenían exceso de peso y 3.184 eran obesos. Alrededor del 5 por ciento redujeron su IMC y un 72 por ciento permanecieron sin variación.

En la cuarta visita, casi el 7 por ciento de los participantes, es decir 623 personas, había aumentado sus concentraciones de troponina a 14 nanogramos por litro o más. Los que aumentaron su IMC hasta los márgenes de peso excesivo u obesidad para la cuarta visita tenían una probabilidad 1.5 veces mayor de que sus concentraciones de troponina hubiesen aumentado hasta al menos 14 nanogramos por litro, lo cual es indicativo de daño al corazón.

Luego, los expertos analizaron el IMC al principio y al final del período de estudio, junto con las concentraciones de troponina de los participantes. Las personas obesas tanto en la primera como en la cuarta visita tenían el doble de probabilidad de tener concentraciones de troponina superiores a 14 nanogramos por litro, comparadas con las personas que mantuvieron un peso normal constante. En el caso de aquellos que eran obesos tanto en la cuarta visita como a los 25 años, la probabilidad de tener concentraciones más elevadas de troponina casi se cuadriplicó.

Seguidamente, los investigadores tabularon, en una escala de cero a 50 años, el número de años que cada persona vivió obesa, es decir con un IMC superior a 30. Por cada 10 años que una persona vivió obesa, su riesgo de tener elevada la troponina aumentó 1.25 veces, incluso tomando en cuenta el riesgo de cardiopatía debido a hipertensión, diabetes y enfermedad renal.

Para formular una medida del peso acumulativo, los científicos calcularon el exceso de IMC-años para cada participante. Basándose en los datos a la edad de 25 años y en los datos de cada visita, calcularon el IMC promedio y multiplicaron el IMC excesivo promedio superior a 25 kilogramos por metro cuadrado por el número de años de seguimiento (desde los 25 años hasta su edad en la cuarta visita). Aquellas personas con un IMC inferior a 25 kilogramos por metro cuadrado en diferentes puntos de tiempo podía asignárseles valores negativos para el exceso de IMC-años.

El valor IMC-años de los participantes fluctuó entre -274 y 1.205. En promedio, cada 100 IMC-años extra incrementó en 21 por ciento la probabilidad, o riesgo, de un aumento de la troponina.

“Comunicar eficazmente el riesgo futuro a los jóvenes que se ven perfectamente sanos y están en la flor de la vida es algo complicado”, señala el Dr. Ndumele. “Se podría formular una medida como el exceso de IMC-años y probarla como una forma de comunicar el riesgo a la gente joven y de mediana edad para reducir su riesgo de enfermedades cardiovasculares a largo plazo mediante la estrategia de mantener un peso saludable.”

El Dr. Ndumele afirma que datos parciales han sugerido que adelgazar, incluso después de haber sido obeso o tenido exceso de peso durante décadas, puede ayudar a reducir las concentraciones de troponina y que el corazón es capaz de revertir parcialmente el daño. Pero se desconoce en qué medida puede revertirlo y cuántos años de obesidad causan un daño permanente, por lo cual es necesario hacer estudios más profundos.

Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, más de un tercio de los estadounidenses adultos son obesos.

Entre otros autores del estudio figuran Mariana Lazo, Roger Blumenthal, Gary Gerstenblith, Elizabeth Selvin y Josef Coresh de Johns Hopkins; Laura Cobb de Vital Strategies; Natalie Bello de Columbia University; Amil Shah y Scott Solomon de Brigham and Women’s Hospital; y Vijay Nambi y Christie Ballantyne de Baylor College.

El estudio ARIC fue financiado por el Departamento de Salud y Servicios Humanos (contratos # HHSN268201700001I, HHSN268201700003I, HHSN268201700005I, HHSN268201700004I, HHSN268201700002I). Este estudio fue financiado también por la cátedra Robert E. Meyerhoff, un Premio Catalyst otorgado a la Universidad Johns Hopkins, un premio Harold Amos para Profesores de Medicina de la Fundación Robert Wood Johnson y subvenciones del Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre (K23HL12247) y del Instituto Nacional de la Diabetes y las Enfermedades Digestivas y Renales (K24KD106414, R01DK089174).

CDI: Christie Ballantyne ha sido consultora para Roche. Vijay Nambi recibió honorarios de Siemens y ha obtenido una patente provisional de biomarcadores para predecir el riesgo de insuficiencia cardíaca.