¿Seguirá cerrada la frontera?

Como cada uno de los últimos meses, ante la proximidad del día 21 los comerciantes de la frontera de los Estados Unidos, especialmente los pequeños negocios, esperan con ansia saber si finalmente se abre la frontera para el libre cruce de los consumidores mexicanos que, desde luego, cuenten con los documentos necesarios para hacerlo, como visas de turistas o las llamadas visas láser que permiten cruzar a la franja fronteriza estadounidense.

La pandemia que azota al mundo, como se sabe, ha tenido efectos devastadores en la economía, pero en pocas latitudes en la forma en que se resiente para los comerciantes de la franja fronteriza y, en especial, a quienes conocemos muy bien, los del Valle de Texas cuyos clientes son tradicionalmente en buena medida quienes vienen procedentes del lado mexicano.

Durante los meses anteriores se ha estado extendiendo el cierre de la frontera para los mexicanos, con excepción de aquellos que son considerados esenciales por su actividad especial relacionada con el comercio transferido y otros rubros a criterio de Aduanas y Protección Fronteriza de los Estados Unidos (CBP).

De un momento a otro se darán indicios de la decisión que se vaya a tomar para el día 21: Extender o no extender el cierre. Pero tal decisión tiene en esta ocasión una importancia mayúscula.

De no autorizarse el cruce a los Estados Unidos de los consumidores mexicanos se producirá, entre otros efectos, una pérdida económica enorme para el comercio fronterizo texano y para el resto de la región limitante con México, ya que el nuevo periodo de cierre abarcará el de las ventas previas y posteriores del Día de Acción de Gracias que este año se celebra el 26 de noviembre y, por si eso fuera poco, el de toda la época previa a la Navidad, en la que año con año los consumidores mexicanos saturan los establecimientos comerciales de diversas partes de la Unión Americana.

Los anuncios previos de la extensión del cierre los ha hecho el secretario de Relaciones Exteriores de México, Marcel Ebrad, cuya decisión no es desde luego personal sino consultada con su jefe, el presidente de México y, desde luego, con las autoridades  de Seguridad Territorial de los Estados Unidos de la que dependen las aduanas de ese país.

Un aspecto positivo para los mexicanos es que con este cierre, su comercio, sobre todo el de los estados fronterizos, se ve beneficiado, ya que parte de las compras de sus residentes que deberían realizarse en Estados Unidos se llevan a cabo en territorio azteca, si no todas, cuando menos una buena parte.

Un aspecto negativo, es que muchos de los negocios mexicanos establecidos en las ciudades fronterizas de alguna forma reciben parte de la derrama económica que en su trayecto hacia los Estados Unidos hacen viajeros residentes de Monterrey, Saltillo, Cd. Victoria, Tampico y de algunas del centro y sur mexicano. Los vehículos con placas de estados del interior de la República Mexicana que se pueden ver durante la época decembrina son el mejor testimonio de ello.

La decisión de reabrir la frontera tendrá que ser tomada en el transcurso de la presente semana, en medio de la amenaza de un incremento de casos de Covid-19 en la población de ambos países, lo que dificultará que la frontera estadounidense de, finalmente acceso de nuevo a los consumidores mexicanos..

Esta vez la prolongación del cierre tendrá un mayor efecto económico para los comerciantes estadounidenses, pero también para los consumidores mexicanos que históricamente han acostumbrado realizar una serie de compras, no sólo de artículos para regalos, ropa, muebles o aparatos electrónicos, sino mercancías consistentes en alimentos procesados o bien insumos para surtir sus despensas.

La interdependencia de las comunidades fronterizas de ambos países es enorme.

Para muchos negocios establecidos en la franja fronteriza texana será catastrófico que los consumidores mexicanos no acudan; los orillará a una indeseada crisis, aunque otros de esos negocios han, desafortunadamente, cerrado ya sus puertas.

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