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Visita presidencial

Las giras presidenciales de México tradicionalmente han sido muy bien recibidas por las ciudades que son escogidas para la visita del mandatario nacional, y la que se lleva a efecto este sábado en la ciudad de Nuevo Laredo no debe ser la excepción.

Si bien, por lo que ha trascendido, no será de grandes recorridos locales sino que revestirá las características de una reunión cerrada de trabajo, hay que confiar en que se obtengan grandes beneficios.

En Nuevo Laredo concluye Andrés Manuel López Obrador una gira fronteriza que se ha llevado a cabo excepcionalmente en aeronaves militares, a diferencia del retorno a la capital de la República que se realizará en un vuelo comercial.

Las fronteras de México, del norte o del sur, tienen características que obligan a que se les de una especial atención por parte del gobierno, tanto por su interrelación con los países vecinos como por la infraestructura que se requiere para atender el flujo humano y comercial que se da en esas regiones.

Al inicio del gobierno de López Obrador se pusieron de manifiesto algunos proyectos especiales que vendrían a dinamizar la actividad fronteriza y mejorar las condiciones de vida de sus habitantes. El incremento salarial decretado y la reducción del impuesto al valor agregado fueron promesas cumplidas.

Pero se habló de una zona libre en la frontera que nunca fue ni debidamente explicada, ni mucho menos implementada.

Pero los mejores planes siempre pueden chocar con los imprevistos y eso ocurrió en las fronteras, aunque con diferentes connotaciones, dependiendo de si fuera la que se tiene con los Estados Unidos en el norte o la del sur con Guatemala.

Esos imprevistos fueron, por una parte, el desmesurado flujo migratorio procedente de muchos países que han transitado de sur a norte con el fin de llegar a la Unión Americana donde buscan encontrar el ansiado, aunque cada vez más difícil, “sueño americano” y, por la otra, los efectos de la pandemia del Covid 19 que obligó a cerrar la frontera por parte de los Estados Unidos y aunque prácticamente esa restricción se ha ido abatiendo, no se puede considerar que esté plenamente normalizado el cruce para los mexicanos que por diversas razones incursionan en territorio estadounidense.

Pero debe recordarse que, también, se mencionó al inicio de la administración federal actual la posibilidad de que dentro de un programa de descentralización gubernamental se trasladaría la dirección nacional de las aduanas a Nuevo Laredo.

Mucho se espera siempre de las visitas presidenciales en obras, presupuestos y servicios. Ojalá en bien de la frontera la de este sábado sea muy provechosa.

Que concluyan, entre otros aspectos, las inhumanas concentraciones de migrantes a lo largo de la frontera. Reynosa es un buen ejemplo, donde viven alrededor de 2,500 migrantes hacinados en carpas, en una plaza frente al puente internacional, desde donde parten en grupos hacia los Estados Unidos y donde se reciben a nuevos extranjeros constantemente, por citar un ejemplo.

Claro que para realizar muchas de las ansiadas metas fronterizas tiene que contarse con la disposición no sólo del gobierno mexicano, sino también del de los Estados Unidos.

La gira de López Obrador por la frontera, cabe decirlo, estuvo precedida por otra del embajador de los Estados Unidos en México, Ken Salazar, quien seguramente, junto con los diplomáticos que lo acompañaron, tiene ya amplia y actualizada información de la problemática de esta región del norte de México que puede contribuir a una mejor relación fronteriza entre ambos países.

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