Duelo político inédito

José Luis B Garza
José Luis B Garza

Por José Luis B. Garza

El proceso electoral de los Estados Unidos, independientemente de cuál sea su desenlace, nos ha dejado ya una lección política que debemos aceptar y asimilar, aunque lo deseable es que lo que a continuación se menciona no vuelva a ocurrir.
Se han disputado la presidencia del país dos personajes que era inimaginable hace algunos años que pudiesen llegar hasta donde han logrado escalar.
Por una parte la postulación de Hillary Clinton, quien muy probablemente sería imposible que lograra haberse convertido en candidata sin haber sido la esposa de un presidente que, pese a fallas en su conducta personal, es indudable que como mandatario y estadista cumplió cabalmente a la nación que lo eligió.
La ex primera dama, de indudable talento, llega, sin embargo, deteriorada por acusaciones que ponen en duda su actuación a su paso por la titularidad de la Secretaría de Estado que le han valido serios ataques por parte de los republicanos y la indiferencia de un segmento de ciudadanos liberales, sobre todo jóvenes, que no aceptan el perfil de quien puede ser, a sus 69 años de edad, la primera presidenta de la Unión Americana.
Es una candidata cuestionada, que no procesada, que de no ser por tener de oponente a Donald Trump a estas alturas estaría siendo augurada su derrota electoral.
Por otra parte Trump parece que ha sido víctima de su propio temperamento, que ha operado en su contra y lo ha exhibido como un hombre racista, misógino y arrogante. Su intolerancia y falta de oficio político, por no decir ausencia, lo han hecho confrontarse con dirigentes e importantes figuras del partido que lo está postulando para la presidencia, el Republicano, a grado tal que figuras prominentes republicanas han hecho público el rechazo a su candidatura, yendo al extremo algunos de ellos de hacer campaña a favor de su opositora. Tiene la suerte Trump de que su oponente haya sido objeto de serios señalamientos como servidora pública que, de no ser así, lo estarían considerando ya incapaz de lograr su objetivo.
Este martes es definitivo, pero gane quien gane, un importante sector de la opinión pública, inclusive miembros del partido ganador, sea cual sea, no quedarán absolutamente satisfechos con los resultados.
Se está votando en gran parte de los casos en contra de un candidato, en contra de sus actitudes, en contra de su conducta personal, en contra de sus fallas y comportamiento.
No se ha votado, desafortunadamente, en todos los casos, a favor de una ideología, a favor de una plataforma política, a favor de preceptos, a favor de ideas y propuestas.
Es lamentable.
Estamos quizá ante el final de un ciclo de la política estadounidense, donde el impulso de las nuevas generaciones y el uso de la tecnología y redes sociales probablemente influyan para que, en el futuro, ciudadanos con diferentes perfiles sean los que se postulen para convertirse en líderes de la nueva sociedad estadounidense.
Sin embargo, no podemos suponer que la falta de arraigo y popularidad en el campo político son patrimonio exclusivo de la Unión Americana. México puede pasar por un proceso similar. De las figuras que se manejan en las encuestas difícilmente podemos considerar alguna o algunas con la capacidad para encausar los múltiples retos que el país confronta. Hasta ahora no se vislumbra como posible sucesor del presidente Enrique Peña Nieto a alguien que no sea Manuel López Obrador, Margarita Zavala, Ricardo Anaya, Miguel Angel Mancera, Miguel Angel Osorio Chong y Jaime Rodriguez.
Pero esa es otra historia.

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