Los cambios urgentes que nunca hará Biden

Si no puedes hacer nada al respecto,

déjalo ir.  No seas prisionero de cosas

que no puedes cambiar.

Tony Gaskins

CAMBIOS URGENTES

Una nación dividida, daños en lo interno, como en lo internacional, un ataque inusitado al Capitolio, muertes en ese atentado, y un grupo de legisladores apoyando esa desunión, es sólo el principio de una administración nueva que tiene que empezar con una portentosa agenda, misma que no incluirá cambios que son urgentes.

COLEGIO ELECTORAL

Desde la creación de los Estados Unidos como nación, se estableció que la mayoría de los votos sumados, o el voto universal, no determinaría la elección de un Presidente y un Vicepresidente.  Serían los votos de un Colegio Electoral, cuyos miembros eran determinados por simple mayoría de cada estado.  A cada estado que forma esta nación, de acuerdo con su población, se le asignan un número de miembros que son los que forman el Colegio Electoral.  Dos votos por senador, y uno por congresista (diputado).

La gran ironía consiste en que, el escaso margen que se obtenga en el triunfo en cualquier estado permite que todos los votos electorales vayan para el ganador.  Así, si un estado tiene 15 votos electorales, y la votación en ese estado fue determinada por unos cuantos votos, los 15 van para el triunfador, sin que sean tomados en cuenta para nada, los votos de los perdedores.

Es así, que, en las últimas dos elecciones presidenciales, y en otras, sumados todos los votos a favor de los candidatos demócratas se obtenía mayoría por millones, pero el Colegio Electoral le daba el triunfo al candidato republicano.  Fue así como lo que parecía imposible sucedió, Trump salió electo en 2016, contra todos los pronósticos.   Si al menos hubiera otros estados que imitaran a Nebraska y Maine, donde los votos electorales se asignan proporcionalmente a la votación, los Estados Unidos se harían más democráticos y progresistas, pero la mayoría de los estados se encuentran controlados por Asambleas (congresos estatales) en manos de republicanos que vehementemente se oponen a estos cambios.

Reformar esto amerita un cambio constitucional y dos terceras partes del Senado, que, aunque tiene mayoría demócrata, jamás lograrían los 66 senadores necesarios, debido a que los republicanos y algunos demócratas saben que es la única forma en que con un país dividido, los republicanos tengan cualquier oportunidad de recuperar la Casa Blanca en 2024 y en futuras elecciones.

SÚPER MAYORÍA vs MAYORÍA SIMPLE

Con buenas razones, pensando en la fortaleza constitucional, la carta magna de los Estados Unidos estableció que en algunos casos se necesitarían dos tercios de los votos del senado para la aprobación de: expulsar a un senador, eliminar el veto de un Presidente, una enmienda constitucional, la destitución de un oficial (impeachment o veredicto de culpable a un funcionario de gobierno), ratificación de un tratado y otros.

Esto permite, dada la división electoral en la que vive este país, con casi igual número de senadores en ambos partidos, que algunas legislaciones que requieren la súper mayoría se vuelvan imposible de aprobar y, por tanto, no se legisla, procede, y cambia a esta nación. Ante ese panorama esta nación se paraliza.

Si algunos de estos cambios que requieren súper mayoría cambiaran a mayoría simple, esta nación aceleraría sus procesos de cambio, pero igual, dependiendo de quien tuviera ese número mágico de 50 senadores, más el voto de calidad de, en este caso, la Vicepresidente.  Precisamente, debido a que los intereses fundamentales de muchos son arcaicos, les interesa que las cosas no cambien, y ese cambio, queda en la categoría de lo que es urgente, pero Biden nunca hará.

REFORMA MIGRATORIA

Quizá ningún tema es más controversial en el último medio siglo en los Estados Unidos que los temas relacionados con la inmigración.  No es casualidad.  Es un tema macabro para la existencia del poder republicano.  La mayoría de los naturalizados (los nuevos ciudadanos inmigrantes de los Estados Unidos) votan favoreciendo a los demócratas.  Los republicanos saben que cada nuevo ciudadano más probablemente será un voto en su contra.  Por lo anterior tienen ya muchos años luchando por complicar el camino para que los inmigrantes se hagan ciudadanos.

Sin embargo, no es sólo votos que se pierden para el partido republicano, o votos que se ganan para los demócratas, es mucho más que eso, y precisamente fue la esencia de la caja de pandora que Trump abrió.  Los que controlan de muchas maneras el poder en esta nación son blancos, los presidentes de corporaciones son blancos, los dueños de empresas financieras son blancos, la historia fundamentalmente fue escrita por blancos, en suma, el poder económico, social, y político de esta nación ha sido y es de blancos.

Algunas legislaciones progresistas debido al racismo rampante, los abusos en contra de mujeres, afroamericanos, latinos, y otros habían dado un marco legal, y una estructura que hacía sentir que, aunque no era ésta una nación justa, nos movíamos en ese camino. Esa cultura de blancos se sintió acechada, veían a sus comunidades transformadas por los inmigrantes que ellos necesitaban para sostener sus negocios, o dar mantenimiento a sus hogares.  Comida, y música cambiaban, enriqueciéndose con la influencia de los emigrados de otras naciones persiguiendo el sueño americano.  Muchos de estos blancos resintieron.

El inmigrado llega a esta nación con ímpetu y una energía inspiradora, e inigualable.  Llegan a trabajar, llegan a mostrar que son dignos de las oportunidades que encuentran.  Muchos de estos blancos no pueden competir con ellos.  Los ven progresar mientras ellos siguen batallando; su energía por progresar la cambian por resentimiento y sus mismas limitaciones educativas los hace ver a los nuevos emigrados como los villanos que llegaron a quitarles sus trabajos y a cambiar las memorias de lo que era su país.

Complicado dilema: necesitar a los emigrados, y odiarlos al mismo tiempo. Como son tantas las necesidades los siguen ocupando y la legislación en contra de emplear a un indocumentado se hace laxa o de plano no se sigue.  Pero la furia, el odio contra los recién llegados se combina con el temor al ver cómo aumentan los emigrados; además, se reproducen en tasas mayores a los blancos.  California sorprendió a todos los Estados Unidos cuando los latinos (mexicanos) se convirtieron recientemente en la mayoría étnica.

¿El resultado?  Se aumentan los presupuestos para las fuerzas de seguridad que persigue a los indocumentados.  Se rigidizan las leyes.  Se aumentan las deportaciones.

Al mismo tiempo, las naciones con el mayor número de emigrados a esta nación se ven favorecidas económicamente a través de las remesas que envían a sus familias los que dejaron esas naciones.  México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Costa Rica, Nicaragua, Panamá, Colombia, y otros emigrados de otras naciones, envían dinero mes a mes a sus lugares de origen.  El principal rubro económico de estas naciones, o uno de los principales, es el de las remesas.  Los gobernantes de estas naciones se dan cuenta que los habitantes de sus naciones que emigran a los Estados Unidos son la gallina de los huevos de oro, y de muchas maneras son también el colchón que evita crisis mayores.

Cuando se agravan los problemas de seguridad y la incapacidad de los gobernantes de las naciones mencionadas, sumado con la corrupción instigada por la actividad del crimen organizado, se convierte todo en la tormenta perfecta para que en forma de caravanas esas naciones vomiten a sus ciudadanos, emigrando rumbo a Estados Unidos ante el pánico de las autoridades de esta nación que presionan a los gobiernos respectivos y otros a que los detengan en su camino.

La administración de Biden ha detenido el nivel, frecuencia, y agresividad de las deportaciones, ha reinstaurado los procesos de asilo político, y ha ordenado la reunificación de niños separados de sus padres.

Inminentemente, su propuesta de nueva ley migratoria, ya en el Congreso, por las razones antes expuestas, va camino de un rechazo más.

Nada de esto es solución, es sólo corregir algunos de los excesos de su antecesor. Pero reitero, alejado de la solución, porque, aunque parezca imposible, sí hay solución.

La solución es un programa mayúsculo trascendental, sin precedentes y multinacional para invertir en la seguridad, el desarrollo económico, social, y en la educación política de los habitantes de las naciones que expulsan tantos emigrados.

La verdad sea dicha, no muchos querrán dejar una tierra que les permite vivir con algo de dignidad, entre su gente, y hablando su idioma.  Este plan puede incluir, un número adecuado de gente emigrada por cuotas para ir a los lugares de Estados Unidos que necesitan a inmigrantes, y puede ser muy efectivo porque se seleccionarán a los emigrados de acuerdo con lo que se necesite.  Lo anterior permitiría una reestructuración del laberinto de visas que se tiene, todas las cuales tratan de hacer lo mismo, permitir a los emigrantes que se necesitan, pero lo hacen con muchas complicaciones.

A la larga sería una fórmula de ganar-ganar para todos.  Ese programa, tan urgente y como parece, no lo hará Biden por las mismas razones expuestas.

COLOFÓN

El complicado arte de gobernar se vuelve cada vez más riesgoso, sobre todo ante una nación dividida con la mitad de los ciudadanos odiando, o desconfiando de la otra mitad.  Los peligros aumentan y se magnifican.  Los aciertos de unos son agresiones de otros.  Los triunfos de la mitad son derrotas humillantes para la otra mitad.  El margen de maniobra es cada vez más estrecho, y nadie quiere empezar proyectos que no tengan éxito.  Sin embargo, lo anterior no quita el sentido de urgencia, y un conjunto de alineaciones, crisis, y eventos, internos y externos, que pueden dar la sorpresa.