Republicanos: ¿Por qué están mal?

La devolución del partido republicano es evidente.

La historia explicará, lo que ahora los republicanos

se niegan a entender.

Alfredo Cuéllar

EL BIPARTIDISMO

A muchos latinos o hispanos americanos, en los Estados Unidos, les cuesta trabajo entender el mundo político actual cuyo punto medular es el bipartidismo.  Es decir, en las elecciones tienes melón o sandía.

Curiosamente, en las últimas tres décadas, los electores, particularmente los afiliados a un partido, se han ido radicalizando.  Hace 30 años, por ejemplo, sólo una tercera parte de los electores, republicanos o demócratas, sentían que sus partidos eran muy diferentes y cerca del 70% veían muchos puntos de coincidencia entre ambos partidos.  Ahora, en las épocas post-Trumpistas, sólo una fracción de menos del 20% en ambos partidos reportan que tienen puntos de vista comunes.  Dicho de otra manera, se perciben demócratas y republicanos como enemigos casi irreconciliables.

El bipartidismo también produce paralizaciones, o semi-paralizaciones del arte de gobernar, porque los cambios constitucionales, tratados internacionales, y el veto del presidente, necesitan super mayoría, o sea dos tercios de la votación del Senado. En un bipartidismo tan radicalizado como el que ahora existe en los Estados Unidos es casi imposible lograr la súper mayoría, por tanto, muchas acciones gubernamentales se paralizan y sólo avanzan aquellas que necesiten mayoría simple en el Senado.

LA IDENTIDAD DEL PARTIDO REPUBLICANO

El partido republicano ha tenido presidentes como Thomas Jefferson, Abraham Lincoln, Teodoro Roosevelt, Dwight Eisenhower, y Ronald Reagan.  Se identifican como el partido de los empresarios, están en contra de elevar impuestos, y de que el gobierno crezca o tome iniciativas que les corresponde a los particulares; creen en un ejército poderoso, apoyan la pena de muerte, están en contra del aborto, creen en el mercado libre y el capitalismo, sienten que las compañías particulares ofrecen mejores servicios médicos que las del gobierno, y son ultraconservadores (están en contra) respecto a inmigrantes, apoyos del gobierno a los más pobres, entre otras cosas.

LLEGÓ TRUMP Y NADIE LO TOMÓ EN SERIO

Trump había mostrado la mayor parte de su vida simpatía por el partido demócrata y de pronto, se hizo republicano.  Al competir por la nominación presidencial de ese partido, muchos, sobre todo los candidatos republicanos lo tomaron a broma, les parecía un oportunista buscando atención que tenía cero posibilidades de éxito.  Todos se equivocaron, no sólo ganó la nominación, sino contra todos los pronósticos, se hizo presidente.

Trump a partir de esos momentos secuestró al partido republicano.  Los valores tradicionales del partido republicano, anteriormente expuestos, se fueron haciendo menos importantes.  Lo realmente relevante es que había abierto una caja de pandora que tenía para millones de americanos más importancia que cualquiera de los valores de dicho partido.  Uno a uno de los incrédulos se tuvo que ir rindiendo ante el magnetismo de Trump. Sus partidarios sentían que, por fin, había llegado alguien que decía lo que ellos siempre habían querido decir, pero tenían miedo de decirlo.

TRUMP SECUESTRÓ AL PARTIDO REPUBLICANO

En sólo cuatro años Trump había cambiado para siempre el escenario político en los Estados Unidos.  Estuvo a punto de reelegirse y al no haberlo hecho en las urnas, empezó a despotricar un fraude electoral inexistente, que desembocó en los tristemente célebres acontecimientos del Día de Reyes.

Todo apuntaba a que este incidente era el parteaguas que había puesto en bandeja de plata a los republicanos la oportunidad de reinventarse y deshacerse del tóxico legado de Trump.  Muchos empezaron a poner distancia de éste, y a criticar severamente su rol como instigador de esta rebelión violenta y agresiva que hizo que algunas personas perdieran la vida y que tambaleó la esencia democrática de los Estados Unidos.

SE VOLVIERON A EQUIVOCAR

Una encuesta después de la toma del capitolio reveló otras realidades: más del 70% de los republicanos creían que a Trump le habían robado las elecciones, dicho de otra manera: creían en su mentira, y lo identificaban como el líder del partido republicano.

La rapidez con que la cámara baja le había hecho cargos de instigador y conspirador contra el gobierno, y las esperanzas de que fuera declarado culpable en el Senado, que actúa como jurado de un juicio de esta naturaleza, de poco habían servido.  Todo apuntaba que sería una repetición del primer juicio, la súper mayoría, de 67 senadores que podrían votar a favor de “la realidad” y “la justicia” jamás se obtendrían. Como todo lo que no te mata te hace más fuerte, terminaría Donald Trump robustecido.  Todos se volvieron a equivocar.

VUELVE TRUMP

Prominentes líderes del partido republicano desfilaron en su palacete de Mar-a-Lago para someterse a él y pedir su bendición. Simultáneamente, Ivanka Trump considera vivir en el Condado de Dade, cerca de Miami, con miras a desbancar a Marco Rubio como Senador de Florida.  Su hermano, Donald Trump Jr. vuelve a considerar un puesto político en Wyoming, y muy posiblemente, el mismísimo Trump cuando esté en la antesala de los 80 años, sea el candidato presidencial del partido republicano en 2024.

¿QUÉ PASA CON EL PARTIDO REPUBLICANO?

En una nación con un sistema bipartidista, algo tiene que estar muy mal si un partido se somete a un seudo líder, que la verdad sea dicha es un bandido, mitómano, instigador a la rebelión con patologías deplorables, racista, que ha sido demandado miles de veces, irrespetuoso de normas, procesos, y leyes.   Algo tiene que estar terriblemente mal si ese partido es secuestrado por un personaje que carece de valores y que hace que sus líderes principales se olviden de su historia, y los principios de su partido para someterse a este depredador.  Es todavía peor, el partido republicano ha perdido su brújula, y carece de toda imaginación al mostrar que no tiene elementos ideológicos, administrativos, políticos, simbólicos, y racionales para reinventarse, lanzarse al futuro y dejar atrás un período bochornoso.

LA HISTORIA ES EL MEJOR JURADO

No importa cuántos millones de sus partidarios ahora parecieran estar fascinados con Trump; la historia quitará la máscara a sus ahora partidarios.  Millones también estuvieron cautivados por Hitler, Mussolini, Franco, Oliveira, Castro, y ahora por Maduro, Bolsonaro y otros seudo líderes.

La historia, los electores, y los resultados habrán de pasar una cuenta difícil de pagar al partido republicano por traicionarse ellos mismos.

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