¿Vendrán los Winter Texans?

Durante muchos años el Valle de Texas ha recibido a miles de turistas invernales a los que se les conoce como “Winter Texans”, quienes suelen llegar en el mes de octubre y permanecen en la región hasta el mes de marzo.

Son personas de las llamadas mayores de edad o jubiladas que, en principio, se dice, vienen a disfrutar de un clima que para ellos resulta placentero, en contraste con los del norte de la Unión Americana y Canadá, donde el invierno produce bajas temperaturas que para todas las edades representa un riesgo, pero que para los considerados en el segmento superior a los 65 años es particularmente mayor.

Su presencia ha sido históricamente importante; la derrama económica que se produce con su estadía permite incrementar la venta de una serie de productos y servicios y fomentar miles de empleos.

Si bien la estancia de estos particulares turistas se remonta a décadas, para valorar la importancia que han tenido hay que mencionar que en los años noventas representaban una población de alrededor de 170,00 personas, que si bien llegaban con sus gastos programados, en volumen representaba una fuerte inyección económica temporal para el área.

Una serie de factores, entre los que destacan otras ofertas de estancia en diferentes partes de Estados Unidos, fueron influyendo para que ese número de visitantes fuera decreciendo, bajando paulatinamente hasta considerarse un flujo de mucho menos de los 100,000 en los últimos años.

Sin embargo, esa no ha sido una cantidad digna de menospreciarse si se considera que representa una derrama de alrededor de 700 millones de dólares durante la época.

Los beneficios han sido enormes en las diferentes etapas para la economía del sur de Texas, en principio, pero lo ha sido también para algunas ciudades fronterizas tamaulipecas e, inclusive, algunas del interior de la República Mexicana.

Hasta hace algunos años la presencia de los Winter Texans no se circunscribía exclusivamente al Valle de Texas; muchos de ellos, utilizando sus propios vehículos, casas rodantes o carros regulares, o bien en excursiones organizadas por especialistas en la materia, se internaban en México para disfrutar de los atractivos que ofrecían muchas de las pintorescas y acogedoras ciudades mexicanas.

La inseguridad, sin duda, acentuada en los últimos años en algunas regiones de México, aparejada con las alertas emitidas por el Departamento de Estado de los Estados Unidos, fueron un factor que inhibió las excursiones al país del sur y dio al traste con la actividad de  prestadores de servicios turísticos involucrados en el transporte, hospedaje y alimentación, tanto del sur de Texas como de los lugares de destino.

No obstante el decremento en el flujo hacia México de turistas invernales estadounidenses y canadienses, algunas ciudades fronterizas se beneficiaban con las visitas que se realizan para adquirir diversos productos o contratar servicios de salud, especialmente dentales o médicos. Destaca en ese renglón Nuevo Progreso, que tiene ya una larga trayectoria de servicio y atención en especial hacia los Winter Texans, que se rubrica con una gran fiesta el 21 de marzo denominada “El día del Turista” que marca el inicio del retorno de los estadounidenses y canadienses a sus lugares de origen.

Pero este año el COVID-19, que ha flagelado a la población mundial y particularmente a la de Estados Unidos que ocupa el nada honroso primer lugar en número de casos, se espera que afecte el flujo de los visitantes invernales.

Durante los siguientes días se contará con datos más precisos o proyecciones sobre el número de Winter Texans que llegarán al Valle de Texas. La ausencia de estos turistas de larga estancia, aunado a la baja en las ventas del comercio local fronterizo texano por la ausencia de mexicanos dadas las restricciones establecidas, tendrá un serio impacto económico en ambos lados de la frontera.

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