Las tensiones empiezan a aflorar tras dos semanas de ocupación en Ottawa

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Ciudadanos de Ottawa van a trabajar mientras los camioneros bloquean las calles cerca de la colina del parlamento durante una protesta contra los mandatos de vacunación en el centro de Ottawa, Ontario, Canadá, el 11 de febrero de 2022. EFE/EPA/ANDRE PICHETTE

Ottawa, (EFE).- Tras casi dos semanas de protestas y bloqueos en Ottawa por parte del movimiento antivacunas e individuos opuestos a las medidas de contención de la pandemia, la tensión es cada vez más palpable entre los manifestantes, los vecinos de la capital canadiense y las autoridades.
La calle Wellington de Ottawa es el centro turístico de la ciudad. En un extremo, el canal Rideau, el hotel Fairmont Chateau Laurier. En el otro, el edificio del Tribunal Supremo, la máxima autoridad judicial del país. Y en medio, Parliament Hill, donde se levantan los edificios del Parlamento, de la más pura tradición británica.
Desde el 29 de enero, la calle Wellington se ha convertido en un enorme aparcamiento al aire libre, con decenas de camiones pesados que bloquean tres de los cuatro carriles de la avenida.
Alrededor de los camiones, centenares de personas deambulan a todas horas del días, orgullosos de ser parte de un movimiento que ha causado graves molestias a muchos habitantes de la capital canadiense y un enorme dolor de cabeza a las autoridades.
La mayor parte del tiempo, el ambiente en Wellington es festivo, con sonrisas cómplices y gestos de aprobación entre extraños que se cruzan por la calle.
Pero cuando aparece un residente de Ottawa dispuesto a hacer oír su voz de oposición, armado con una silla plegable y un cartel que dice “Están dañando los residentes de Ottawa. Por favor, váyanse”, el humor cambia rápidamente.
“¡Estás mintiendo. Eres un mentiroso. Vete a tu casa, a tu jodido sótano y escóndete!”, grita uno de los camioneros cuando observa al silencioso contramanifestante hablando con un periodista.
El vecino de Ottawa intenta explicar su punto de vista, rodeado por varios manifestantes.
“Hay muchos residentes que han experimentado comportamientos amenazantes, ataques verbales e incluso ataques físicos y vandalismo”, declara con voz calmada.
El manifestante interrumpe de nuevo la entrevista.
“¡Estás mintiendo, estás esparciendo mierda, no está bien y lo sabes! Pruébalo, no hagas comentarios de mierda. Si no lo puedes probar, estás lanzando mierda. ¡Culpar a la gente con un espectáculo de mierda! Pruébalo”, acusa el camionero con un dedo amenazante.
El vecino intenta mantener la calma.
“He estado aquí desde el mediodía y he tenido conversaciones todo el día. La mayoría de la gente ha sido muy respetuosa”, explica.
“Esta pandemia ha sido mala para todos. Todos estamos cansados. Desgraciadamente algunas personas con malas intenciones se han enganchado a esto. Obviamente, los que hay en Wellington, esta persona, no son el problema”, añade.
Durante más de una semana, los camioneros que ocupan el centro de Ottawa hacían sonar las bocinas de sus vehículos a todas horas, incluido durante la noche y la madrugada, causando graves molestias a los vecinos.
La algarabía terminó el pasado 7 de febrero cuando una joven de 21 años presentó una demanda colectiva y un juez ordenó el cese de la protesta sonora.
Otros vecinos han denunciado amenazas y comportamientos agresivos por parte de algunos de los manifestantes.
El 29 de enero, el día en el que llegaron a Ottawa unos 3.000 camiones y entre 10.000 y 15.000 manifestantes antivacunas y antirestricciones, un albergue de la organización Shepherds of Good Hope fue atacado.
Según los trabajadores del refugio, que ayuda a los sintecho del centro de Ottawa, varios manifestantes entraron en el refugio, amenazaron a los que se encontraban dentro y demandaron alimentos. Dos personas, incluido un guarda de seguridad, fueron agredidos por los manifestantes y acosados con insultos racistas.
Los camioneros aparcaron sus vehículos durante cerca de 12 en la zona del albergue reservada para ambulancias.
“El incesante uso de bocinas y el ruido de los camiones provocó significante ansiedad y angustia a nuestro personal y los residentes del albergue”, dijo Shepherds of Good Hope en un comunicado.
El jueves, el refugio Sheperds of Good Hope, anunció que en las dos últimas semanas había recibido 13.000 donaciones, que totalizan 750.000 dólares, en respuesta al ataque.
Trabajadores de tiendas y restaurantes han denunciado el comportamiento abusivo de algunos manifestantes y también algunos residentes han denunciado que han sido acosados por utilizar mascarillas en las calles.
Los medios de comunicaciones locales han señalado que residentes de las zonas más afectadas por la protesta han abandonado sus hogares por las molestias y el temor a ser acosados.
El vecino de Ottawa intenta terminar su conversación con el periodista.
“Sólo he venido a transmitir este mensaje en nombre de los residentes y de forma respetuosa solicitar que el convoy se vaya”, dice.
De nuevo el camionero interrumpe. “Seguro, has estado difundiendo rumores de que estamos atacando a la gente”.
“Para nada señor”, replica el vecino.
“Seguro, trae las pruebas. Tengo mi camión aparcado ahí abajo. Lo que estás haciendo es sencillamente una idiotez”, concluye el camionero.

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